13/09/2001
SALÓN DE FRANKFURT 2001: MARCADO POR LA TRAGEDIA
Desde el 13 al 23 de septiembre el Salón Internacional del Automóvil de Frankfurt abre sus puertas un año más. Pero en esta ocasión el comienzo de la muestra tuvo un final poco feliz. Así se vivió la jornada de prensa, un día marcado por el ataque terrorista en EE.UU.
Salones - ESPECIAL SALÓN DE FRANKFURT/ José Mª Alegre
El día iba transcurriendo según lo previsto. A la hora anunciada, la 59 edición Salón del Automóvil de Frankfurt abrió sus puertas. Con una temperatura de 14 grados centígrados en la calle y calor en los pabellones –en Alemania, el verano, por este año, ha dejado de existir-, y una participación récord de expositores, la agenda del día se iba cumpliendo escrupulosamente. La jornada laboral la abrió el presidente de BMW Group, Joachim Milberg, que, con gran pompa y boato, presentó la nueva berlina de la Serie 7, buque insignia de la marca, un coche ideal para cuando uno sea presidente de algo. Y así iré leyendo tranquilamente los periódicos mientras me lleva el de la gorra.
Luego me acerqué a Mercedes Benz, la competencia, a contemplar el exclusivo y precioso SL 500 y el Vaneo Compact Van, o lo que es lo mismo, la Clase A más furgoneta que nunca, con puertas laterales correderas y todo. A continuación, Chrysler Jeep, marcas más alemanas (ya sabéis que pertenecen al grupo Daimler) que norteamericanas, con el nuevo Cherokee, ahora con motor CRD y el incatalogable (perdón por el palabro) PT Cruiser. Junto a ellos, Smart. Hasta en su ubicación, se nota quien manda en la otrora poderosa marca de Detroit.
Visita en bicicleta
El Salón de Frankfurt es kilométrico en distancias y extensión, tanto es así que se puede alquilar bicicletas para superar, pedaleando, los inacabables pasillos entre pabellones y de paso dejar nuestras cachas como las de Indurain. Ante tanta excursión, se agradece haber dejado en España los 32 grados de temperatura que gozamos todavía en este querido país nuestro, por ejemplo, porque, de lo contrario, hubiera dejado en la capital alemana los michelines que adornan mi cintura, con lo que me ha costado tenerlos, en tiempo y dinero. Para hacerse una idea de la enormidad de este Salón, Mercedes tiene un edificio de tres pisos para ella solita, ¡casi nada!
Al contrario que en los salones latinos, Barcelona, Madrid, Turín, Milán, etc, en Frankfurt no hay bellezas junto a los coches (salvo alguna titular del departamento de prensa y comunicación, que está im-presionante), ni tampoco coreografías, o números de baile (solo Citroën se sumó a la excepción con un ballet en torno al novedoso C3) que tanto se prestan en este tipo de presentaciones. Así pues, nada de hermosas mujeres rubias de ojos azules junto a los automóviles. El carácter alemán es disciplinado y austero, por eso, cuando alguien se sale de madre, como Boris Becker, pasa lo que pasa. En Frankfurt no pasa desapercibida la disposición de las firmas con multipropiedad, Ford, por ejemplo, disponiendo de todo un pabellón para exponer su ‘cuadra’: Jaguar, Aston Martin, Land Rover, Volvo...
De pabellón a pabellón
Siguiendo la ruta establecida, esto es, formando parte de masa que se desplaza en oleadas, me encuentro con el stand de Ferrari, un tanto soso y carente de pasión; el de Maserati, con su Spider amarillo, al que con un poco de pintura negra lo convertiríamos en un rápido y exclusivo taxi de la Ciudad Condal y Lamborghini, con su Murciélago ¡qué maravilla! Destaca el espacioso y atractivo stand de Porsche, que juega en casa, y Audi, que al igual que el de Volkswagen, es mastodóntico. Toyota, cuya estrella se llama Corolla, que en nada, salvo en el nombre, se parece al sustituido, Hyundai, Mitsubishi, Renault... ¡Ah!, y Seat, decorado en rojo pasión.
Paso por los dominios de Nisssan, que, como no podía ser de otra manera, está junto al de Renault, su socio mayoritario, y me sorprende ver la cantidad de profesionales, la mayoría de ellos de la pluma (la de escribir, no seáis mal pensados), que están esperando, ¿el qué o a quién? Pues al nuevo gurú del mundo del automóvil, el actual Mesías, el salvador de la firma japonesa (en sólo dos años, el citado personaje ha sacado a la compañía de los números rojos que arrastraba), el brasileño Carlos Ghosn. Me quedo, voy a estudiar a este personaje al que todos admiran (menos los despedidos que se vieron en la calle por decisión de Ghosn). Entra, saluda y empieza su discurso. Me recuerda mucho a los antiguos directivos del motor de los años cuarenta y cincuenta. Es decidido y disciplinado, transmite seguridad al hablar y derrocha pasión y firmeza en sus palabras. Pero lo que más impresiona a las decenas de profesionales que abarrotan la sala, es que no lleva ni un solo papel, ni un solo apunte en el que apoyar sus palabras, ni pantalla de texto, ni auricular, nada de nada. Ghosn no lee; se sabe el discurso de memoria y además encandila. Larga vida pues para él, dice un japonés a mi lado, en japonés, claro.
Así se vivió el atentado a EE.UU
De repente, la noticia salta, ¡tío, que Nueva York está en llamas, y Washinton también. Están arrasando EEUU. El mundo se acaba! Steven Espilberg se ha puesto a maquinar. Pero no, el visionario director no está filmando película alguna. La realidad es tozuda y cruel. La gente ha enloquecido, o al menos unos cuantos, y EE UU, el país más poderoso del planeta, el que manda y ordena al resto, está siendo atacado por las fuerzas del mal, por el demonio, según palabras pronunciadas por el presidente Bush después de su periplo aéreo en el ‘Air Force One’.
La primera consecuencia es que los americanos presentes en el Salón, los directivos de Ford, Chrysler, etc., desaparecen a velocidad de vértigo en dirección a la embajada norteamericana. Los coches han pasado a un segundo término, el mundo se convulsiona. La tarde se estrena con un incesante concierto de teléfonos móviles. Suenan y suenan en una auténtica sinfonía de melodías y sonidos. Todos andamos con el auricular en la oreja en busca de más noticias, de novedades, cifras, muertos y razones que justifiquen lo injustificable. Las expresiones son tensas, incrédulas, de consternación ante tanto horror. Faltan pocas horas para el cierre de la primera jornada de prensa del Salón de Frankfurt, pero los terroristas lo han cerrado antes. Mañana será otro día, pero hoy los automóviles, los que debían ser los protagonistas de esta jornada, al menos aquí, en la capital de las salchichas, han dejado de serlo a la espera de acontecimientos y consecuencias de tan terrible atentado. Afortunadamente, y a pesar de lo sucedido, el mundo no se para y consigo subirme por la noche a un avión que me lleva a Madrid. La vida continúa, efectivamente, pero va a ser difícil, por no decir imposible, que todo vaya a ser igual que antes.
SITIOS RELACIONADOS
· Especial: Salón del Automóvil de Frankfurt 2001.
· Página oficial del Salón de Frankfurt (IAA).