Pruebas - Joaquín Pizarro
Hasta no hace demasiado tiempo, Saab era considerada una marca excesivamente elitista. Muy pocos y exclusivos clientes eran los que podían acceder a uno de los prestigiosos modelos de la firma sueca ya que sus precios no invitaban, precisamente, a que fueran muchos los que pudieran lucir tal capricho delante de sus vecinos. Afortunadamente, tal condición ha cambiado hoy en día. En la actualidad, ya no es tan limitado el número de Saab que circulan por nuestras carreteras aunque, eso sí, no es porque los coches de la firma nórdica hayan perdido un ápice de su bien merecida fama. Siguen siendo vehículos de altísimos acabados, extraordinaria mecánica, fiables y no por ello acreedores de precios desorbitados.
Un derroche de acabados, materiales, terminaciones, decoración y mecánica
Buena parte de culpa en este acercamiento a un mayor número de clientes la tiene General Motors, actual propietaria de Saab. Desde que la marca pertenece al gigante norteamericano, los modelos suecos están dotados de un buen número de componentes del fabricantes estadounidense por excelencia y, muy especialmente, de su filial alemana Opel AG (particularmente lo referente a la mecánica).
De ese concepto de vehículo asequible manteniendo la exclusividad propia de un Saab es ejemplo el 9?3 con motor de 150 caballos. El vehículo, desde luego, es un derroche en cuanto a acabados, materiales, terminaciones, decoración o fiabilidad mecánica se refiere. Todo un lujo. Pese a que ha mejorado y se ha actualizado, comparado con la tradicional línea que ha mantenido la marca durante los últimos años, sigue manteniendo detalles tan incomprensibles como el mantener la posición del contacto entre la palanca del cambio y el freno, con la particularidad de que sólo se puede extraer la llave con la marcha atrás puesta (lo que no tiene mucho sentido hoy en día) o el tener los mandos de los elevalunas debajo del apoyabrazos del asiento del conductor, lo que obliga a adoptar una posición ciertamente incómoda si queremos accionarlos.
La información bien dispuesta y muy a la vista
El interior del 9?3 es, sin lugar a dudas, sobrio, elegante y muy bonito, con inserciones en madera y ese aire, en lo que a los botones hace referencia, que tanto recuerda en su diseño al de los aviones. En este sentido, no hay que olvidar el pasado aeronáutico de la empresa. Respecto a la información, todo está bien dispuesto y muy a la vista, además de fácilmente identificable para que no nos equivoquemos a la hora de pulsar los botones. Cabe resaltar el juego de relojes, que es, como el resto de la consola central, muy limpio. En el velocímetro, los números están separados hasta el 140 (ocupando tres cuartas partes de la circuferencia) y, a partir de ahí, se juntan hasta llegar al dígito que marca los 250 km/h. Esto se traduce en que, con apenas una mirada, controlemos enseguida la velocidad a la que rodemos así como el estado del vehículo.
Los asientos delanteros son muy mullidos, a la par que envolventes. El único pero es el de la ubicación del mando de los respaldos, pues es una rueda que se encuentra en el puente que une ambas puertas y, a no ser que desplacemos lo asientos hacia adelante o hacia atrás, la operación se presenta harto difícil. En cuanto a las plazas traseras, también disponen de asientos cómodos, hábiles para que dos personas vayan a sus anchas, aunque estas verán penalizado el apartado de habitabilidad, ya que el espacio para las piernas es más bien justo. El asiento posterior puede ser abatido, ofreciendo mayores posibilidades de carga a un maletero que, sin ser el mayor de su segmento, la verdad es que no está nada mal. En definitiva, el ambiente del interior nos hará sentirnos a gusto nada más entrar en el 9?3.
Si algo hemos de destacar del coche es su confort de marcha. Gracias a la insonorización del habitáculo apenas se percibe la rumorosidad del motor, el ruido del exterior y el propio de rodamiento del automóvil.
Pisándole a fondo a 3.200 rpm llegamos a alcanzar los 150 km/h. Es, llegados a este punto, cuando sí se empiezan a percibir ruidos aerodinámicos, ruidos de aire, tal vez más de los deseados. Ruidos que se olvidan al valorar la comodidad, el citado confort de marcha o la seguridad que produce el funcionamiento del Saab 9?3, al que habría que calificar de excelente. Es entonces cuando nos damos cuenta del valor que llevamos entre manos.
Mecánicamente, el 2.0 de 150 caballos no ofrece ninguna pega y, si de lo que se trata es de exprimir sus cualidades, sus reacciones son muy buenas, alcanzando las 6.000 revoluciones rápidamente. Además, nos sacará de más de un apuro ya que, como en el caso de los adelantamientos, su respuesta es inmediata. Aunque no sea eso que se denomina como un pura sangre, es el propulsor ideal para hacer desplazamientos largos con una velocidad de crucero exigente.
Mejor en autopista que en carreteras de montaña
El cambio manual de cinco velocidades (muy bien escalonadas) es preciso y contribuye a la buena utilización del motor. El sistema antibloqueo de frenos (ABS) detiene el conjunto con contundencia y eficacia. En autovías y carreteras con buen firme, el 9?3 mantiene una buena estabilidad, evitando que los pasajeros puedan notar en algún momento las irregularidades del pavimento. Una estabilidad un tanto acusada en tramos de montaña, en los que una suspensión demasiado blanda puede hacer que el coche llegue a balancearse en exceso. Y, como buen tracción delantera que es, bien podría ser que se nos fuera de las cuatro ruedas al entrar muy fuerte en alguna curva. Bastaría con levantar el pie para que tan buen corcel volviese a su trazada.
En definitiva, el coche es un encanto. Lástima que su línea provoque poca visibilidad trasera, algo que se aprecia sobre todo a la hora de hacer maniobras. Por lo demás, el 9?3 lo tiene todo para pasearnos con un vehículo ciertamente exclusivo. Como los Saab de antes, vamos. Eso sí, a un precio, por lo que nos ofrecen, más contenido que el de sus antecesores.
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