31/10/2000
RENAULT SCÉNIC RX4 VS. BMW X5 4.4: LOS DOS EXTREMOS
La comparativa de estas páginas no lo es tal, primero porque no enfrentamos a los dos protagonistas de la prueba y segundo porque ninguno de los dos sale derrotado. Es lo más caro y lo menos de un mismo segmento.
Pruebas - Chema Eldorado
Sin embargo, ambos modelos han sido creados para circular por carretera y por el campo. Los dos pues, tanto el RX4 como el X5 son vehículos todo camino, y es aquí donde los unimos. Uno, el Renault, es un automóvil polivalente, equilibrado, de gran capacidad y económico. El BMW es el otro extremo del segmento: potente, exuberante, capaz y nada mezquino en el gasto. Veamos pues que son capaces de darnos estos dos coches que, con una diferencia de precio de algo más de seis millones de pesetas, son el polo opuesto del cada vez más importante segmento llamado SUV (Sport Utility Vehicles).
Por fuera
El Scénic RX4 tiene mucha más presencia que su hermano pequeño, debido también a la mayor altura y sección de neumáticos con llanta 16. Las protecciones laterales, así como la rueda de repuesto en el portón, que se abre lateralmente e independientemente de la luneta, le confieren un aire deportivo y de aventura. El RX4 ha ganado pues en personalidad, es más musculoso y parece mayor que el Scénic de calle. Un acierto de los ingenieros de la casa gala.
El X5 es un Serie 5 en cuanto a líneas, aunque el bastidor es totalmente nuevo, con carrocería monocasco autoportante y zonas de deformación programada que absorben la energía de los impactos. Al igual que en el modelo francés, el X5, con su mayor altura libre al suelo, parece mayor que su homónimo de asfalto, destacando y llamando la atención por su presencia enorme, elegancia, belleza y, sobre todo, poderío. Además, el modelo probado montaba el Paquete deportivo, que ofrece suspensiones más firmes y neumáticos de perfil bajo con llantas de 19 pulgadas. ¡Una pasada!
Por dentro
Por lo que respecta al interior del Scénic, es sorprendentemente grande. Tiene cinco asientos -los delanteros son como butacones-, modulables y extraibles, amplios y cómodos, además de disponer de un gran maletero, virtudes que no han variado del modelo originario, destacando la comodidad y el confort con el que viajan los cinco pasajeros. El interior es agradable y confortable, con un salpicadero muy bien conseguido (el ya conocido), en el que ahora encontramos climatizador. Todos los controles están bien situados y cuenta con numerosos huecos para depositar objetos, incluida una práctica e ingeniosa nevera que mantiene fresca hasta tres latas de refrescos. En este sentido, el Scénic anda sobrado.
Lo que no me ha gustado tanto es el puesto de conducción, más parecido al de un camión que a un turismo. El volante está demasiado inclinado, debiendo retirar la espalda del respaldo para acceder a la parte más alta del mismo, so pena que acerquemos el asiento a él, pero entonces tocaremos con el cuerpo a la parte baja del volante. Por otra parte, la excesiva verticalidad de las piernas respecto al suelo nos obliga a levantar los pies en demasía para encontrar y presionar los pedales, llegando a incomodar en ciudad con los continuos movimientos de los pies. También la palanca de cambios es algo imprecisa, con largos recorridos.
El interior del BMW es espectacular, elegante y de una calidad que supera todo lo visto hasta ahora. Materiales de primera y acabados inmejorables conforman el habitáculo del impresionante X5, con un salpicadero de nuevo diseño. No goza de la amplitud del Scénic -tampoco es un monovolumen compacto-, en eso le rebasa amplia y sobradamente el modelo francés. Los asientos traseros del X5 no son individuales -se abaten para una mayor capacidad de carga- y dos pasajeros van estupendamente, pero el tercero, con el puente central a los pies, se sentirá algo incomodo. Del centro del salpicadero parte la preciosa consola en la que se encuentra la pantalla multifunciones, en la que no falta desde navegación por satélite hasta televisión (opcionales), además de un completo ordenador de viaje que en ocasiones marca 21 litros a los 100 km, consumo bestial si lo comparamos con el Scénic -casi 10 litros de media por los 15 del BMW, con puntas como la citada-, pero que no creo que le preocupe mucho al propietario de este cochazo, que goza de un lujo extraordinario.
Si en el Scénic el cambio es manual, en el X5 es automático de cinco velocidades Steptronic (secuencial). El puesto de conducción del X5 es simplemente perfecto. No es tan elevado respecto al suelo y se accede mejor al volante multifunción y a los pedales.
En marcha
Por lo que respecta a la polivalencia asfalto/campo, los dos nos llenarán de satisfacciones. El Scénic es un tracción delantera con un motor de gasolina que rinde 140 CV, potencia más que suficiente para circular con alegría, buenos promedios, salida en los adelantamientos -aunque debemos utilizar el cambio con frecuencia- e ir cómodos en ciudad. Otra cosa es el campo. Resulta que las cifras que entrega el motor no son las idóneas para zonas especialmente difíciles, pues entrega el par muy arriba, la primera velocidad debería ser más corta y pesa 175 kilos más -respecto al modelo de calle-. Esto quiere decir que en zonas trialeras, y a pesar de la magnífica tracción integral, tenemos que revolucionar mucho el motor para superarlas e incluso en ocasiones hacer patinar el embrague, reduciendo la vida del mismo. En el BMW, con sus 8 cilindros y un par de 44,9 mkg a 3.600 rpm, sólo debemos acariciar el acelerador para subir lo que nos de la gana, y si no lo hace es debido a la menor altura libre al suelo respecto al RX4, así como los neumáticos, que tampoco son los más idóneos, aunque en asfalto se agarran como lapas.
En caminos sin más complicaciones, los dos se desenvuelven de maravilla. Las suspensiones de ambos son sencillamente magníficas, con un mejor y más amplio recorrido en el Scénic. Sujetan bien y no comprometen la comodidad de los pasajeros. Además, las gomas del modelo francés están mejor adaptadas a la tierra, por lo que en campo se conduce de forma fácil y divertida. Con el X5 se debe ir con cuidado, aunque los numerosos controles electrónicos compensan la menor adherencia.
En asfalto es justo lo contrario. El BMW es una máquina de hacer kilómetros, ya sea en autovías como en curvas cerradas, que las pasa con una velocidad excitante, no así el RX4, al que las gomas, como ya queda dicho, y la mayor altura le hacen menos ágil, deslizando en situaciones límite, aunque la honestidad y facilidad de su tracción delantera te devuelven a la trazada original con tan sólo levantar el pie.
Y si antes he dejado constancia de lo tragón que es el X5, justo es decir que el rodar de este pedazo de coche, suave y silencioso como un velero, con su motorazo, es una auténtica delicia. Tira desde abajo en cualquier circunstancia o terreno y sube hasta decir basta. El pero está en la excesiva protección del motor, cuya gestión electrónica no permite reducir en zonas próximas al rojo del cuentavueltas, con lo que en las apuradas de frenada te quedas sin el freno-motor. El apartado frenos es espectacular en el X5, con ABS y asistencia del Servofreno (DBC) y algo menos en el RX4, también con ABS, y aunque cumple suficientemente, con un uso prolongado acusa el abuso.
Sin embargo, lo que no deja de sorprender es que los fabricantes de ambos modelos hayan conseguido tanta polivalencia en los dos automóviles. Es realmente una maravilla circular con seguridad por carretera con toda la familia y de repente adentrarnos por caminos incluso en mal estado -con el RX4 me metí en sitios en los que más de un 4x4 dieron la vuelta- con la misma confianza que lo hacíamos en asfalto. No son todo terrenos, pero sabiendo que la mayoría de sus titulares no los meten en el campo, el segmento al que pertenecen el RX4 y el X5, el SUV, es tal vez el más equilibrado y lógico para una demanda cuya base es la carretera con algo de aventura en el campo.
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