19/10/2000
DESCAPOTABLES PARA SOÑAR
Toyota MR2: un coqueto biplaza para los amantes de la competición, Mazda MX5: un vehículo delicioso de conducir, BMW 323: un elegante cupé sin techo para los paladares más exquisitos. Elige el descapotable de tus sueños.
Pruebas - Chema Eldorado
¿Te imaginas que te ofrecen probar alguno de los descapotables objeto de esta comparativa?. ¿Cuál escogerías? Difícil elección, ¿verdad? Fiel a la tradición de la marca alemana, el BMW es elegante y distinguido, cómodo y con gran capacidad ya que en realidad se trata de un cupé sin techo para cuatro plazas -si bien las traseras pecan de ser algo justas?, además de tener un sinfín de sofisticaciones y automatismos, propios del fabricante germano.
Pequeño y juguetón, el Toyota es un dos plazas que juega la baza de poseer tracción y motor central posteriores, lo que le convierte en un modelo nervioso y, sobre todo, exigente. Eso sí, si lo sabes manejar, el japonés te puede hacer pasar momentos muy divertidos.
En cuanto al Mazda, es el más vendido de los tres, ya que su precio -500.000 pesetas menos que el Toyota y casi cuatro kilos por debajo del precio del BMW, lo hacen más accesible -no hay que olvidar que recientemente entró en el Libro Guiness de los Records por ser el descapotable biplaza más fabricado en el mundo. Pese a estar diseñado sólo para dos ocupantes, su habitáculo no resulta agobiante. Dispone de un maletero justo -como suele pasar en este tipo de vehículos-, y resulta estable y delicioso de conducir, aunque bien es cierto que no transmite las emociones y sensaciones del Toyota.
De cualquier manera, estamos hablando de tres descapotables para soñar y disfrutar del verano. Y si no tienes compañía para compartir las emociones estivales, no me negarás que con cualquiera de estos modelos no tienes posibilidades de encontrar a la chica (o chico) de tus sueños. Lee y escoge: soñar es gratis.
323 Ci: Poderoso y seguro
La unidad probada del descapotable de BMW es de esas que impresiona. No es para menos, pues dispone de tapicería de piel blanca, cambio automático con función sport y secuencial de 5 velocidades, volante multifunción (con el que controlas la radio, el teléfono portátil y el control de velocidad) y unos acabados firma de la casa o, lo que es lo mismo, impecables. La capota eléctrica se retira al accionar un pulsador en un tiempo de sólo 26 segundos. El salpicadero es el habitual en BMW, incluyendo un cuadro con relojes de corte deportivo, consola central orientada hacia el conductor con ordenador, radio casette, climatizador y, como no podía ser de otra manera, acabados en madera. Exquisiteces propias del fabricante alemán.
Pese a su corazón deportivo, en verano el 323 hay que disfrutarlo tranquilamente, luciéndolo, para ir como un señor, para ser vistos, de terraza en terraza -no hace falta salir de las grandes ciudades que no disfruten de playa- o de puerto en puerto, si hemos elegido el mar como destino. Naturalmente, con el BMW se puede ir deprisa, pues el trabajo de los diseñadores ha permitido la creación de un modelo que no ve mermada su estabilidad para tratarse de un descapotable. Ello se traduce en un comportamiento redondo tanto en autopistas como en carreteras viradas. En estas últimas, con el control (ASC) o sin él (se quita a voluntad) se disfruta del gran chasis y suspensiones que tiene. De cualquier manera, no tiene el comportamiento agresivo de algunos de sus hermanos de gama ya que los 170 CV del 6 cilindros en línea le convierten en un BMW de lo más tranquilo y burgués, por mucho que nos esforcemos en elegir la opción de conducción deportiva.
Bien mirado, el tipo de cliente del 323 Ci no es aquel que guste de hacer derrapadas a lo Colin McRae. Se le puede exigir y no nos defraudará, pero su punto fuerte es la comodidad, seguridad y confort de marcha. El BMW destaca por su insonorización, pues no hace movimientos extraños ni ruidos, y cuando se tiene puesta la capota, no se escuchan ni entradas de aire, ni golpeteos de la lona, ni ningún otro ruido que pueda resultar molesto a la conducción.
Para resumir, podría decir que el BMW nos lleva con distinción, clase y elegancia, todo ello sin renunciar a la seguridad, estabilidad y potencia. Además, quien prefiera olvidarse del cambio tiene la posibilidad de adoptar el automático. Si, por el contrario, se prefiere manejar la palanca, esta se puede poner en posición secuencial y, con un ligero toque de muñeca y sin embrague, ir accionando las cinco velocidades. Una delicia con un pero, pues la gestión electrónica protege demasiado el motor y no permite, por ejemplo, aproximarse a la zona roja del cuentavueltas en las reducciones.
Respecto al consumo, es el que más gasta de los tres modelos examinados, pues también tiene más motor y peso. Si utilizamos el pie derecho más de la cuenta, traga casi 15 litros a los 100 km. Pero circulando a una media de 120 km/h, no pasa de los 9 litros, siendo su consumo medio de 12,5 litros.
El BMW es un coche de ensueño que enamora a cualquiera. Su precio, consumo y excesivo peso son sus principales defectos. Pero, ¿a quién le importa eso cuando puede adquirir uno de los descapotables más exquisitos del mercado?
Toyota MR2: Divertido y juguetón
El MR2 es uno de los últimos lanzamientos de Toyota. Se trata de un roadster descapotable, pequeñito, de corta batalla y muy, muy nervioso, aunque esto último hay que achacárselo a su magnífco motor VVTi de 140 CV. El MR2 es un coche que puede gustar o no, pero desde luego no te deja indeferente. Su conducción se antoja extremadamente exigente, de reacciones muy sensibles, pues necesita de toda tu atención cuando se le exige al máximo, pretendiendo extraer sus muchas virtudes, necesitando estar más al loro que nunca cuando nos ponemos al volante y nuestra intención es la de exprimirle a tope. Y es que hablar del MR2 es hacerlo de un auténtico deportivo que, no lo olvidemos, también sirve para los desplazamientos relajados y dejarnos ver con él en sociedad.
A diferencia del BMW, la baja altura del Toyota obliga a doblar un tanto el lomo, desaconsejable para los que tiene cierta edad. Pese a que sus contenidas dimensiones interiores ayudan a pensar que el habitáculo es insuficiente, sus dos ocupantes van a las mil maravillas, aunque con las piernas ligeramente flexionadas. Una vez a los mandos del modelo japonés, la posición de conducción nos permite ver que todo está en su sitio, destacando unos relojes grandes y visibles que dan el toque racing. Eso sí, entre los contras habría que destacar un plástico que no hace gala a los méritos del pequeño MR2.
Una vez al volante, me cuestiono si los 140 CV del Toyota podrán mover con alegría y decisión los casi 1.000 kilos que pesa. Una duda que desaparece pronto, ya que el VVTi es pura delicia de potencia, aceleración y suavidad. El propulsor se mueve entre las 2.000 y las 7.000 vueltas que corta el encendido, y destaca por su estupenda aceleración y unas recuperaciones fantásticas. El cambio manual de cinco velocidades es una maravilla, tanto en recorrido como en desarrollos. Frena igual de bien que acelera, y, para rematar la jugada, hablamos casi de un mechero para tratarse de un exclusivo descapotable. Y es que los consumos son ciertamente contenidos, pues hablamos de 10 litros a los 100 km en ciudad, algo menos de 8 litros en carretera y una media de 8,5 litros durante la prueba.
Así pues, con capota o sin ella (su accionamiento es manual, a diferencia del BMW), se puede hacer del japonés un vehículo con el que moverse a diario por cualquier tipo de carretera. Eso sí, vuelvo a repetir que su conducción necesita de toda nuestra atención pues, en recorridos rápidos y curvas muy cerradas, si nos vemos obligados a rectificar la trazada de forma brusca es posible que suframos un trompo. Ese es el cuidado que se debe tener con el MR2. Por lo demás, se trata de un coche ciertamente excitante. Resulta ruidoso normal, si tenemos en cuenta que el motor está casi pegado a la espalda, y apenas tiene maletero para guardar la mochila y los bañadores. Pese a no contar con arco de seguridad y disponer de un equipamiento más bien ajustadito, el Toyota MR2 es un roadster que garantiza fuertes sensaciones y que, desde luego, no te hará pasar desapercibido.
Mazda MX5: El superventas
Tal y como decía en la introducción, el Mazda MX?5 es el roadster más vendido del planeta. Desde que comenzó a fabricarse en abril de 1989, año en el que fue presentado, hasta junio del presente año, nada menos que 565.779 unidades han salido de la cadena de montaje, convirtiéndose en el modelo descapotable de dos plazas más fabricado del mundo. Todo un punto a su favor que ha posibilitado que el pequeño japonés haya entrado en el libro Guinness de los récords.
También es el más clásico de líneas, y uno de los que más gustan a quiénes lo ven, clave de su éxito, imponiéndose su discreta elegancia a otro tipo de detalles que enamoran a primera vista. Además, pese a su condición de discreto, el MX5 es un modelo que no pasa de moda, siempre resulta actual y mantiene su exclusividad con el paso del tiempo.
Aunque dispone de un motor equiparable al del Toyota MR2 (140 CV), para esta comparativa hemos elegido el de 110 CV, con la intención de ofrecer tres escalones diferentes. Con este propulsor, el MX5 se muestra como el más tranquilo y ahorrador de los tres ya que, en el capítulo de consumos, no llega a los 10 litros en ciudad y apenas sobrepasa los 8 litros en carretera, sin olvidar que también es el más barato.
De cualquier manera, con el Mazda también se puede disfrutar, y mucho, pues sus 110 CV garantizan vibraciones de las buenas. No hay que olvidar que hay gente que no es capaz de sacarle todo el rendimiento posible a un Porsche mientras otros, en cambio, con un Mazda de 110 CV disfrutan un montón. Aunque resulta sobrio y distinguido, el habitáculo del Mazda es de lo más funcional. Es tal vez el menos confortable, debiendo regular volante y asiento para encontrar la mejor posición, algo que no ocurre con el Toyota. Aunque sus suspensiones son menos radicales que las del MR2, lo que garantiza su comodidad, aborda las curvas con seguridad y estabilidad, siendo más noble que la bestia fabricada por Toyota.
Para ser un tracción con motor delantero se comporta de forma muy neutra, permitiendo abordar rápidamente las curvas -lástima que los asientos sujeten tan poco lateralmente-. Tiende a derrapar en tramos rápidos, garantizando fuertes sensaciones en carreteras serpenteantes, con continuos cambios de apoyo. En cuanto al cambio, sólo puedo decir que es una maravilla su manejo corto, rápido y suave. Al ir casi estirado, pues la postura es algo más racing que la adoptada en el Toyota, el brazo descansa constantemente en el apoyabrazos, aprovechando el túnel de la transmisión, que por cierto irradia al habitáculo demasiado calor con movimientos de muñeca manejando la palanca. Los frenos no desentonan con el resto, y cuentan, como el BMW y el Toyota, con ABS de serie.
En definitiva, circular con él resulta también toda una delicia pues, además de exclusivo, no es tan ruidoso como el Toyota (aunque el X5 no llega, en este sentido, a las exquisiteces del BMW). Despojarle de su capota es cuestión de segundos y, a partir, de ahí, el resto corre de nuestra mano.
Ahora sólo os queda a vosotros decidir cual es el descapotable de vuestros sueños. Naturalmente, el BMW irá más con aquellos que gusten de ambientes más bien selectos; el Toyota lo dejamos para los amantes de la competición; por su parte, el X5 tiene un poco de los dos, aunque su espíritu es innegablemente juvenil. Sobre gustos, ya se sabe. Lo que nadie puede discutir es que se trata de tres deportivos de ensueño y rabiosamente refrescantes.
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