17/09/2012 LANCIA
Nos subimos al monovolumen más grande y lujoso del mercado, el nuevo Lancia Voyager 2.8 CRD de 163 cv.
PRUEBA/ Enrique Marco
Hay muchas formas de viajar, pero hacerlo a bordo de
un Lancia Voyager es, sin duda, una de las formas más
cómodas y placenteras. Estamos ante un monovolumen que prácticamente
no tiene rival, ya que por tamaño únicamente las versiones de carrocería
larga de los Volkswagen
Multivan y Mercedes Viano le pueden igualar, aunque si elegimos cualquiera
de estos dos con el mismo equipamiento que nuestro protagonista de hoy el precio
de los alemanes resulta significativamente superior. En el lado opuesto encontramos
al coreano SsangYong Rodius, un enorme y económico vehículo que,
sin embargo, no se puede comparar al italoamericano Lancia Voyager en cuanto a
equipamiento, diseño y lujos se refiere.
Para centrar este análisis vamos a fijarnos en el modelo que tuvimos la oportunidad de probar, el Lancia Voyager Gold 2.8 CRD de 163 cv, que a día de hoy cuesta 41.750 €. Este es precio de septiembre, mes en el que Lancia, por ahora, no ha repercutido el incremento del IVA. Así las cosas, el precio final actual del completísimo Voyager Gold es el anteriormente descrito, el cual se puede quedar en 38.400 € con el descuento adicional para familias numerosas. La verdad es que otros monovolúmenes más conocidos pero no tan espaciosos, como un Ford Galaxy, un Renault Grand Espace o un VW Sharan, ya cuestan tanto o más que el Voyager si intentamos equiparar niveles de equipamiento.
Todos sabrán que la base de este Lancia es el anterior Chrysler Grand Voyager, aunque salta a la vista que el “toque italiano” le ha aportado un plus de estilo y refinamiento, que se aprecia en los nuevos detalles de diseño. La base era buena, ya que estamos hablando del precursor de los monovolúmenes, pero la puesta a punto del Grupo Fiat le ha permitido ganar algunos puntos. Vamos a ver cuales son sus características y como funciona.
Son nada menos que 5,22 metros de largo, 2 metros de ancho y 1,75 metros de alto; unas dimensiones que por una parte proporcionan un habitáculo extraordinario pero por otra le limitan en el tráfico urbano. Y es que el Lancia Voyager es el vehículo ideal para un estilo de vida concreto en el que priman los grandes viajes de placer en familia y una utilización diaria entre urbanizaciones y cómodos espacios de aparcamiento; ya que si lo nuestro es el casco urbano y la necesidad de utilizar angostas plazas de garaje lo vamos a tener crudo. Avisados de esta evidencia, dado su tamaño, vamos a adentrarnos en la placentera utilización de un vehículo como éste.
La versión Gold de nuestra unidad de pruebas contaba con elementos que ayudan a la vida diaria, como las puertas laterales correderas y el portón de accionamiento eléctrico, el sistema de entrada y arranque sin llaves, el sistema multimedia con pantalla táctil de 6,4”, o la cámara de visión trasera entre otras cosas. No obstante, quien piense que puede prescindir de estas exquisiteces puede ahorrarse casi 4.000 euros y optar por la Voyager Silver (37.800 €), la cual, sorprendentemente para un nivel de acabados inicial, incluye de serie la tapicería de piel, el climatizador trizona, los cristales tintados, los sensores de aparcamiento, etc.
En cualquier caso la configuración de siete plazas con el práctico sistema “Stow’n Go” (hace que sea muy fácil y rápido manipular los asientos) y el enorme maletero de 934 litros ampliables a 3.912 litros es para todos los niveles de Voyager. La configuración de asientos es de 2+2+3. Los delanteros son buenos, como los de cualquier otro rival, los últimos bastante correctos para dos y un poco justos para tres; pero la fila central, la de los dos butacones reclinables y con reposabrazos, es la que tiene las plazas más cotizadas ¡todos querríamos viajar ahí! Quien tenga el placer de ir sentado en las dos plazas independientes de la fila central no tendrá prisa por llegar al destino ni pereza por hacer muchos kilómetros, ya que es lo más parecido a viajar en la primera clase de un tren AVE o de un vuelo intercontinental.
Mecánicamente el Lancia Voyager conserva la base del anterior Chrysler, con su motor diésel de cuatro cilindros de 2,8 litros y 163 cv asociado a un cambio automático Autosctick. Dicho propulsor tiene un buen par de 360 Nm a partir de 1.800 rpm, lo cual resulta suficiente para mover con bastante soltura las más de dos toneladas de peso. Los datos de prestaciones demuestran que el Lancia Voyager se puede mover con rapidez (193 km/h y 11,9 segundos de 0 a 100 km/h), y además no consume mucho (7,9 l/100 km de media). No es uno de los motores más innovadores, pero desde luego que aprueba con buena nota y obtiene unos resultados que se encuentran en la media de la categoría.
En marcha el Lancia Voyager se mueve con total aplomo y seguridad.
Al volante se tiene rápidamente la sensación de ir en un vehículo
de gama alta, tanto por la buena apariencia del salpicadero y el correcto uso
de todos sus mandos, como por su forma de avanzar. El cambio automático
es suave y contribuye a la conducción cómoda y relajada, si bien
no es tan rápido como los modernos sistemas de doble embrague. Lo que
no se le puede pedir a un monovolumen de este tamaño es agilidad, pues
lógicamente ni puede ofrecer unas aceleraciones fulgurantes ni cambiar
de trayectoria con deportividad. Es un vehículo que conviene conducir
con calma, mimando a los pasajeros de las plazas traseras y recompensándoles
con todas las comodidades que ofrece su habitáculo a un ritmo tranquilo.
Eso sí, por buenas autopistas es posible circular bastante rápido,
con un alto grado de comodidad y seguridad, y sin que los consumos se
disparen.
Etiquetas: Lancia Voyager Gold monovolumen grande diésel
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