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16/04/2002

LAND ROVER FREELANDER 2.5 V6 5P: CORAZÓN DE ASFALTO

Cada día los usuarios toman más en cuenta los vehículos que denominamos ‘todocaminos’, coches con aspecto de todo terreno pero que en realidad están pensados para circular por carretera. En esta ocasión nos acercamos al Freelander, uno de los más atractivos modelos del segmento.

Pruebas - PRUEBA/ Iván González

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Land Rover es una firma con una larga tradición en la fabricación de vehículos todo terreno. Su reputación en el segmento está sobradamente contrastada y algunos de sus modelos, como el Range, son auténticos objetos de deseo entre los aficionados a este tipo de coches.

La firma británica lanzó al mercado el Freelander en 1998, un nuevo concepto para esta marca que se había especializado en el diseño de coches realmente duros, capaces de salir al campo sin complejos y de subir y bajar por donde fuese necesario o hacer los vadeos más complicados (no en vano en el siempre duro Camel Trophy se empleaban siempre estos coches). Desde entonces hasta ahora Land Rover, como marca, ha pasado por diversos avatares, desde pertenecer a BMW, hasta la división de las tres firmas más importantes de Rover (Mini, Land Rover y la propia Rover), que finalmente han quedado en manos de tres empresas diferentes. Ahora, Land Rover parece haber encontrado la tan necesaria estabilidad para diseñar, fabricar, vender y mantener vehículos. Ford, uno de los gigantes mundiales del sector, controla la marca británica por excelencia de vehículos 4x4.

Diseño atractivo
El Freelander que ahora probamos es un auténtico recreacional, un coche con aspecto de todo terreno (en este caso incluso con tracción 4x4 y algunos controles, como el de descenso, empleado únicamente cuando hacemos campo) pero que está pensado para esa gran mayoría de clientes que se compran un 4x4 solamente por su aspecto. En ese sentido, el Freelander ha acertado plenamente. Tiene una imagen sensacional, poderosa, con un frontal muy llamativo, en el que destaca el cubrecarter, y con una amplitud interior digna de un monovolumen familiar. Sus cinco plazas son muy cómodas y algunos detalles realzan su aspecto de coche de campo.

En cuanto a los acabados, muy al contrario de lo que sucede de puertas para fuera, este vehículo ha descuidado un poco su diseño interior. El plástico domina el salpicadero y el diseño de los mandos y el tablero de instrumentos, que ofrece una información escasa, está poco a tono con los tiempos que corren. En cuanto al maletero, la capacidad no es demasiado grande, pero la abatibilidad de los asientos traseros permite ampliar notablemente la capacidad de carga.

Motor potente
Sin lugar a dudas uno de las cualidades más destacadas del coche que ahora analizamos es su motor. Este V6 de dos litros y medio es capaz de desarrollar 177 CV de potencia, con los que se consiguen unas prestaciones más que sobresalientes para un coche que supera la tonelada y media de peso. Acelera de 0 a 100 en tan solo 11 segundos y alcanza una velocidad punta que supera los 180 km/h. Su sonido cuando exprimimos a tope el acelerador es digno de cualquier deportivo y es que sus seis cilindros colocados en forma de V confieren una sonido auténticamente inconfundible.

El motor está asociado a una caja de cambios automática que incorpora además el accionamiento secuencial. Sus cinco relaciones están muy bien escalonadas, lo que favorece, en buena medida, el aprovechamiento de los casi 180 CV de potencia. El paso de ‘automático’ puro a secuencial se hace simplemente desplazando hacia la derecha la palanca cuando está en posición ‘D’. Una vez en secuencial, empujando la palanca hacia delante se ponen marchas y haciéndolo hacia atrás, se quitan. Desde luego, el coche está pensado para emplearlo como un automático puro, ya que es ahí, en la ‘D’, donde obtendremos un nivel de confort exquisito, sin perder un ápice de prestaciones. Por contra, cuando pasamos a secuencial el paso de una velocidad a otra no es demasiado rápido.

Un pequeño inconveniente que tiene esta caja de cambios es que, a diferencia de otras automáticas, para estacionar el vehículo no es necesario poner la palanca en la posición ‘P’, con lo cual puede darse el caso de dejar el coche en punto muerto, ‘N’, con lo que nos sucederá lo que en cualquier coche manual. Lo que sí es necesario es arrancar desde esa posición, la ‘P’.

Enemigo de la economía
Si el motor es su punto fuerte, el talón de Aquiles está sin duda en el consumo. Durante nuestra prueba hemos superado la cota de los 20 litros cada cien kilómetros, haciendo un ciclo mixto de carretera, pistas (prácticamente durante el control de consumo no hemos empleado el coche fuera de pistas en campo propiamente dicho), ciudad y un pequeño tramo de autovía, como veréis un auténtico ciclo mixto en el que la cifra ha sido ciertamente elevada.

En el apartado de acabados, hay varios detalles que no se deben de pasar por alto en un coche que se acerca al umbral de los 30.000 € (5 millones de pesetas). Por ejemplo, la llave y el mando a distancia de la alarma se ofrecen por separado, en el salpicadero abundan los elementos de plástico y el diseño de los pulsadores, botones y los relojes de velocidad y cuentarrevoluciones tienen un diseño ciertamente poco actual.

De paseo por el campo
A pesar de ser un coche que se desenvuelve a la perfección en carretera y ciudad, donde nos aprovecharemos en gran medida de su mayor altura para obtener una buena visión de la calzada, en campo sus prestaciones son más que aceptables. Circulando por pistas, el Freelander V6 no se deja sorprender por cualquiera y su poderoso motor, unido a una eficaz suspensión, permite ir verdaderamente deprisa, y lo que quizá es más importante, con un elevado confort y seguridad.

Si lo que queremos es darnos una vuelta fuera de pistas y salir al campo puro y duro, el coche no nos dará problemas en lo que podríamos denominar zonas sencillas e intermedias, ya que su capacidad de vadeo es razonable y su tracción buena. Solamente cuando queremos introducirnos en zonas complicadas veremos como la falta de una reductora o un bloqueo de diferencial marcará la diferencia frente a un todo terreno puro. Por lo tanto el Freelander se muestra como un coche con un amplio abanico de usos, con lo cual se convierte en una compra atractiva para un buen número de conductores.

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