14/01/2002
MG ZR 160 1.8: UN DEPORTISTA MUY BRITÁNICO
De línea suaves y redondeadas, el MG ZR 160 destaca por su aspecto agresivo y llamativo. Una buena opción si buscas un coche deportivo, con buenas prestaciones y a un precio competitivo.
Pruebas - PRUEBA/ José María Somoano
De la recientemente relanzada marca británica MG, probamos en esta ocasión el ZR 160, el tope de la gama ZR, el modelo más asequible del fabricante.
Este automóvil es una evolución del ya conocido, y algo veterano Rover 25. Con una carrocería de líneas suaves y redondeadas que evidencia ya el tiempo que ha pasado desde su concepción, exteriormente se distingue del Rover por diversos aditamentos.
Unos generosos spoilers delantero y trasero, faldones laterales o unas preciosas llantas de 17 pulgadas describen la clara vocación deportiva con que se ha definido el modelo. La totalidad de los elementos de la carrocería están pintados del mismo color que la misma, un potente amarillo en la unidad que hemos tenido la oportunidad de probar. El aspecto general es muy llamativo y agresivo, sin que los diferentes adornos lleguen a resultar excesivos para un coche de estas características, aunque no sea precisamente discreto.
Interior acogedor, pero mejorable
Al acceder a su interior lo primero que nos llama la atención son los asientos, que con un diseño deportivo, acorde con las características del coche, tienen inserciones de piel del mismo color que la carrocería. Son muy vistosos a la vez que bastante cómodos, sujetando correctamente el cuerpo cuando circulamos rápido en una zona de curvas. A pesar de ello, la posición de conducción no es de las mejores, quedando demasiado alto el asiento del conductor.
El logotipo de la marca, situado en el centro del volante, destaca en un tablero de mandos de aspecto agradable pero no especialmente moderno, y con una terminación sólo aceptable. Además, las dimensiones del habitáculo son algo reducidas en comparación con otros modelos de su categoría, que por lo general son también de superior tamaño por fuera.
En lo que respecta al equipamiento, no es muy generoso este modelo. Airbag frontal de pasajero y conductor, aire acondicionado y ABS son incorporados de serie, pero debemos olvidarnos de airbags laterales, ordenador de a bordo o controles electrónicos de tracción o estabilidad, a los que el fabricante ha preferido renunciar dado el carácter del modelo, pero de los que nunca está de más disponer.
Mecánica muy deportiva y potente
Mecánicamente el ZR viene equipado con el ya conocido propulsor de cuatro cilindros, 1.796 CC, 16 válvulas y distribución variable VVC. Al mismo se le han efectuado algunas modificaciones en la culata y la electrónica, que elevan la potencia hasta los 160 CV. El temperamento de este motor es claramente deportivo, encontrando su mejor rendimiento cuando el motor gira a muchas revoluciones, empujando en esos regímenes con fuerza de una manera muy satisfactoria. En baja, por contrapartida, el empuje es escaso, lo que nos obliga a hacer uso del cambio constantemente para conseguir ir deprisa.
El cambio de marchas tiene unas relaciones bastante cortas, que ayudan a conseguir unas excelentes prestaciones, pero su manejo es algo lento e impreciso, a pesar del corto recorrido de la palanca, perjudicando este elemento la valoración general al volante de este automóvil.
La generosa potencia del propulsor y el reducido peso hacen que las prestaciones sean muy elevadas. Exprimiendo un poco el motor, las aceleraciones son muy brillantes, y la cifra de velocidad máxima se sitúa claramente por encima de los 200 Km/h. Con todo esto, el consumo, como es natural, se resiente. El ZR160 no es el coche para los que pretendan ahorrar combustible. Sobre todo en ciudad, es algo ‘tragón’.
Comportamiento al gusto de los más exigentes
No se han andado con contemplaciones en la marca inglesa en este apartado, buscando la máxima efectividad a toda costa, aunque sin recurrir a ayudas electrónicas. Las suspensiones tienen unos tarados muy firmes, y ello, unido a las ruedas que monta (205 de medida con perfil 45 y llantas de 17 pulgadas), otorga al modelo un comportamiento sumamente ágil y efectivo en cualquier terreno. La dirección es, además, muy directa, lo que ayuda en la conducción deportiva. El MG muestra un gran aplomo, y la velocidad de paso por curva es muy elevada, aunque la dureza de las suspensiones puede llegar a resultar incómoda cuando el pavimento presenta irregularidades.
Eso sí, si pretendemos sacarle todo el partido tendremos que prestar mucha atención, pues las reacciones son muy bruscas y radicales, propias de un auténtico deportivo, y sólo los conductores más experimentados podrán obtener sin riesgo todo lo que este automóvil es capaz de ofrecer.
Resumiendo, este MG es una buena opción para quienes busquen un coche de aspecto llamativo, buenas prestaciones y un comportamiento dinámico excelente. El precio de 18.151 euros (3.020.072 ptas), es reducido y muy competitivo; pero hay que tener en cuenta que su equipamiento no es demasiado completo y que se trata de un modelo que parte de la base de un automóvil ya bastante veterano.
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