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08/02/2006

MITSUBISHI L-200: DISEÑO DEPORTIVO PARA EL OCIO Y EL TRABAJO

Ante el auge en ventas de los vehículos todo terreno, Mitsubishi renueva su L-200 en busca de un pick-up perfectamente válido para el ocio o para el exigente trabajo diario. Con motivo de la presentación de este nuevo modelo, nos desplazamos a Turquía para contarte cómo va.

Pruebas - PRIMER CONTACTO/ Iván Solera

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El segmento de los pick-up en Europa no es precisamente el más exitoso, claro que tampoco las marcas se han preocupado mucho en adaptar su producto a este mercado. En la mayoría de los casos se trataba del mismo vehículo que se vendía en América, donde los pick-up hacen furor.

El nuevo L-200 está diseñado para Europa, el mercado americano cuenta con otro modelo específico, así se pretende satisfacer las necesidades de los clientes del viejo continente. Esta última y cuarta generación de L-200 se ha construido bajo tres premisas: durabilidad, fortaleza de marca y responder a las necesidades del usuario.

Del Dakar a tu garaje
El L-200 está basado en el prototipo Pajero Evo Concept que desembocó en el actual campeón del Dakar. Lejos de los clásicos pick-up en los que el diseño era algo secundario y mostraban un aspecto muy 'de comercial', este Mitsubishi hace del diseño su gran aliado. Moderno, agresivo, deportivo y aerodinámico el L-200 entra por los ojos y puede ser candidato a llenar muchos garajes sólo por su aspecto.

Se comercializa con tres tipos de cabina, simple, club (o cabina y media) y doble cabina. En cualquiera de los tres casos los volúmenes se encuentran compensados, aunque el cabina club es estéticamente el más equilibrado.
Como opción se ofrecerá una cabina desmontable para cerrar la caja y conseguir un maletero espectacular.

Equipado como una berlina
El interior del L-200 poco o nada tiene que envidiar a cualquier berlina familiar media. El habitáculo es amplio, tanto en las plazas delanteras como en las traseras, con altura y espacio para las piernas suficiente en estas últimas. La gran diferencia con respecto a una berlina es la altura del suelo, en este caso es superior y obliga a flexionar más las piernas, sobre todo a los pasajeros de las plazas traseras.

La postura de conducción es correcta, con los mandos bien localizados, un cuadro de instrumentos colorido y de buena lectura. Pocos reproches podemos encontrar en el habitáculo del L-200, podemos echar en falta la regulación lumbar en los asientos delanteros, la regulación en profundidad del volante y poco más. Y si vamos al detalle... le sobra una palanca (la de la caja de transferencia), hoy en día, que el peso de la mecánica recae en la electrónica, se hace raro encontrar en un vehículo de última hornada una palanca de este tipo en lugar de una ruleta o teclas en la consola central.

El equipamiento es muy completo, con dirección asistida, elevalunas eléctricos delanteros, traseros y de la luneta trasera (por si necesitamos coger algo de la caja), ABS, EBD, Control de tracción y estabilidad en los acabados más completos, aire acondicionado en todas las versiones, radio-CD, retrovisores abatibles eléctricos, brújula, altímetro, barómetro, navegador opcional, bloqueo de diferencial y reductora.

¿Diesel o Diesel?
Por el momento no se contempla nada más que una motorización para este pick-up, un dos litros de inyección directa con common-rail que es capaz de superar la exigente norma Euro4. Desarrolla 136 CV de potencia a 4.000 rpm y un par máximo de 314 Nm a 2.000 rpm.

Monta un cambio manual de 5 velocidades o uno automático de 4 con overdrive (sólo en el doble cabina). Los consumos homologados son de 7,4 litros en carretera, 10,7 en ciudad y 8,6 en uso combinado con caja de cambios manual. El peso en vacío varía de los 1.770 a los 1.890 kg, dependiendo del tipo de cabina y cambio.

Con cambio manual acelera de 0 a 100 en 14,6 segundos y con automático lo hace en 17,8 segundos. La velocidad máxima es de 167 km/h, gracias también a tener el mejor coeficiente aerodinámico de la categoría.

Cada vez más cerca
Los todo terreno cada vez tienen un confort de marcha mejor, los cuidados habitáculos, el equipamiento y las suspensiones menos exigentes les hacen estar cada vez más cerca de una berlina. Todo esto siempre entrecomillado, porque la suspensión trasera por ballestas es una solución práctica y económica a la hora de cargar grandes pesos, pero no dejan de ser bastante secas de reacciones.

Pero el L-200 se conduce fácilmente, sus 5 metros de largo no son obstáculo para las maniobras, gira mucho, muchísimo. En carreteras amplias la estabilidad lineal no es su fuerte y debemos corregir la trayectoria más de lo deseado cuando circulamos en línea recta. Pisa con nobleza y muestra suficiente aplomo en las curvas hasta unos 140 Km/h. A partir de ahí el peso y la altura se vuelven en nuestra contra y la carrocería empieza a balancearse.

Si nos adentramos en carreteras de montaña su voluntarioso propulsor nos llevará de un giro a otro con ganas. Los tarados de suspensión buscan un equilibrio entre comodidad y precisión, permitiéndonos conducir a un ritmo alegre sin problemas.

En campo se desenvuelve muy bien, durante la toma de contacto tuvimos ocasión de recorrer muchos kilómetros por caminos muy diversos. Encontramos amplias pistas de tierra ideales para jugar un poco y comprobar el buen hacer del control de estabilidad. También tuvimos que sortear tramos de piedras, pistas rotas, barro e incluso vadeamos unos cuantos ríos. La reductora y el bloqueo de diferencial son dos grandes aliados que le dan ese extra que se necesita en los momentos más críticos y que decide si pasas por un punto o no. El L-200 en ningún momento mostró el más mínimo signo de flaqueza, demostrando que aguanta las más duras condiciones.

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MITSUBISHI L-200
  • Las primeras unidades llegan en marzo y convivirán con el antiguo L-200 hasta el mes de diciembre.
  • Costará entre 20.500 y 28.500 euros.
  • Ficha técnica.
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