27/06/2000
ROVER 75 2.5 CLUB: ORGULLO BRITÁNICO
Es el último producto realizado junto a BMW, un vehículo que exhibe elegancia y poderío, muy bien acabado y con un potente y suave motor de 177 CV. Si lo conduces te 'enganchará', y si te llevan te creerás un sultán.
Pruebas - Texto: Javier Montero, redactor de supermotor.com
Para quien ame los automóviles, es una gran satisfacción descubrir uno de los vehículos más elegantes y atractivos que se comercializan en la actualidad, cuando la mayoría de los coches parecen auténticos clones con nombres distintos. Y es que el Rover 75 rezuma personalidad por los cuatro costados y, lo que no es moco de pavo, una tecnología y unos controles de calidad firmados por BMW, la antigua propietaria de Rover (de hecho, la plataforma, que no la mecánica, deriva de un proyecto realizado por los alemanes para su actual Serie 5).
Siguiendo con la estética, si exceptuamos al también made in UK Jaguar S (e incluso, y aunque me califiquen de exagerado, al impresionante Park Ward de Rolls-Royce), modelo nacido con posterioridad y que mantiene numerosas similitudes estéticas con nuestro protagonista, hay que remontarse varias décadas para encontrar detalles parecidos al del Rover 75. Incluso su nombre proviene del pasado, en concreto de 1950, cuando apareció el Rover 75 P4, el primer británico en prescindir de estribos y guardabarros sobrepuestos.
Elegancia y acabados british
Su diseñador, Richard Wooley, acertó al afirmar que su criatura despierta tal orgullo en su propietario que, cuando lo haya aparcado, no dejará de alejarse sin mirar atrás. El frontal llama poderosamente la atención por sus cuatro faros redondos, parcialmente rasgados en su parte superior, que abrazan a la característica y cromada parrilla Rover. La línea lateral, muy elevada, poderosa, es todo un ejercicio de clasicismo, mientras que la parte trasera exhibe unos grupos ópticos amplios, muy bien integrados en la carrocería, que comparten protagonismo con el marco cromado de la matrícula, elemento que actúa inteligentemente como espoiler aerodinámico.
Wooley, en su cita, no mencionó el interior, pero os puedo asegurar que antes de salir del coche esperaba unos instantes para apurar al máximo la sensación de bienestar, comodidad y lujo que ofrece el habitáculo. Estos días de calor sofocante se me hacía muy duro prescindir del magnífico aire acondicionado con climatizador y regulación independiente para cada uno de los asientos delanteros. El empleo de auténtica madera noble, piel y elementos cromados engancha; pero lo mejor es que éstos y los numerosos huecos porta objetos se encuentran perfectamente ubicados y ajustados, lo que incrementa aún más el placer y, también muy importante, la practicidad, dado que además todo se encuentra a mano. La instrumentación, basada en unos relojes de color beige y diseño retro, es completa y de fácil lectura. De noche, sorprende el tono naranja de su iluminación (regulable, aunque algunos escriban lo contrario), algo que choca en un primer momento pero que con el tiempo incluso se agradece.
Habitabilidad justa en un entorno de lujo
Todos estos piropos tienen su contrapunto en la habitabilidad: el espacio de las plazas delanteras es algo justa para tallas superiores a 1,75 metros, y en marcha molesta lo pegado que se encuentra la pierna derecha de la consola central y del borde inferior de la bandeja. Tampoco el apoyo del pie izquierdo resulta cómodo por la escasez de espacio. Menos mal que esto, dentro de unos márgenes, se solventa gracias a una butacas con multitud de reglajes, eléctricos en esta versión tope de gama, y que el volante se puede mover en altura y profundidad. Detrás, los confortables asientos ofrecen espacio cómodo para sólo dos personas, algo que Rover no esconde al calificar esta berlina de 4,75 m de longitud y 1,8 metros de ancho como un confortable cuatro plazas. El espacio que queda entre los pasajeros no se desperdicia sino que se aprovecha para montar un mullido apoya brazos abatible con una tapa practicable que deja al descubierto una bandeja para soportar con seguridad objetos y bebidas. Vamos, que se puede ir detrás como un feliz maharajá. El maletero, de 432 litros de capacidad, resulta más que suficiente para transportar el equipaje de cuatro personas, y su accesibilidad resulta cómoda gracias a una boca de llenado amplia y a una altura respecto del suelo no demasiado elevada. El asiento trasero, aunque abatible, no ofrece la posibilidad de abatirse en partes, algo negativo si lo que se precisa es viajar con muchos bultos.
El motor, elástico y dosificable, permite cruceros elevados
El Rover 75 2.5 V6 ofrece también unas buenas aptitudes en marcha, gracias a un elástico motor que trabaja en armónica conjunción con una caja de cambios de desarrollos correctos. Se nota, quizá, cierta lentitud a la hora de acelerar, debido a que el par máximo (240 Nm) se ofrece a un régimen algo elevado (4.000 rpm). No obstante, a estas revoluciones el propulsor trabaja a la perfección y ofrece siempre una potencia más que suficiente como para viajar de manera desahogada, incluso a velocidades muy por encima de lo permitido. Además, la pequeña palanca se mueve con facilidad, las marchas engranan sin dificultad y su recorrido no es demasiado amplio.
El comportamiento de este Rover está marcado por la comodidad, algo que se consigue, entre otros, por medio de una suspensión algo blanda pero lo suficientemente firme como para que la estabilidad sea siempre la correcta, independientemente del terreno y el tipo de conducción. Se le puede buscar algo las cosquillas, pues resulta bastante noble de reacciones y muy predecible, con una fuerte tendencia a irse delante, pero siempre teniendo en cuenta que su tonelada y media de peso se traduce en unas inercias que pueden pasar factura. Y hablando de factura, la de la gasolinera puede resultar bastante elevada si lo que te gusta es apretar el acelerador sin compasión: a buen ritmo y en terreno combinado ciudad-autovía-carretera de montaña, no conseguí bajar de los 14 litros cada 100 kilómetros.
Si estás harto de tanto vehículo alemán (e impersonal), si desconfías de lo italiano y quieres un vehículo de estética diferente y muy personal, que rebose lujo y personalidad y, muy importante, que no esté sujeto al yugo de la moda, éste puede ser tu coche. Ya sé que el Jaguar S puede resultar mucho más apetecible, pero también cuesta cerca de 1,2 kilos más. Además, resulta eficaz en cualquier terreno, pueden viajar cuatro personas de manera rápida y cómoda, y su equipamiento de serie es completo y de gran calidad.
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