31/05/2000

DOS MINIS, DOS ÉPOCAS

Pequeños pero matones. Comparamos dos coches ideales para perderse por las calles de las grandes ciudades: Mini Cooper 1.3i y Smart Passion.

Pruebas - Joaquín Pizarro

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Aunque, a simple vista, el legendario Mini y el Smart parezcan diferentes, no lo son del todo. Son diferentes porque en el modelo británico entran cuatro personas, mientras el producto alemán es un biplaza. El Mini no le hace ascos a la carretera -eso sí, tras un desplazamiento largo más vale que vayamos pensando en visitar al masajista-; por el contrario, el Smart sólo admite trayectos de corto recorrido. De lo que no cabe duda es de que ambos responden al perfil de vehículo urbano, al ser coches de pequeñas dimensiones que facilitan una gran movilidad por las calles de las grandes urbes y, sobre todo, a la hora de encontrar ese imposible aparcamiento.

Dos coches distintos para un mismo fin
El Mini protagonizó ese papel de automóvil urbano en las décadas de los '60 y '70. El relevo lo ha cogido el Smart que, a buen seguro, seguirá desempeñando un papel estelar en los próximos años. Sintetizando: dos coches distintos para un mismo fin, el de sortear sorpresas y atascos en la ciudad sin renunciar a una imagen sumamente original. Desde luego, la idea de hacer una comparativa entre dos modelos cuando menos originales se presentaba sumamente atractiva. Una prueba en la que analizar sus diferencias y similitudes, sus virtudes y sus defectos.

El Mini que tuve la oportunidad de probar, fabricado en 1999, es básicamente igual al Mini que tuve a mediados de los '70. Aquel fue mi primer coche -era de ocasión- y, como es natural, antes de mí pasó por numerosas manos. Aquel Mini era de color granate y estaba lleno de golpes. A pesar de su aspecto destartalado, no puedo negar que sentía un cariño especial por aquel montón de chatarra con ruedas.

Aunque se han sucedido varios lustros en el tiempo, el Mini actual es básicamente igual. Conservador como buen inglés, el modelo británico sólo se ha permitido el lujo de incluir algunos elementos más contemporáneos como son la inyección directa de combustible, catalizador, airbag para el conductor y ¡respaldos abatibles en los asientos delanteros! Hace años, de noche mayormente, ¡cuánto hubiera dado por disponer de semejante avance técnico!
En lo que se refiere a sus carencias, no dispone ni de luz interior, ni elevalunas eléctricos, ni cierre centralizado, ni ABS, ni aire acondicionado. Ni cinco marchas, pues cuatro velocidades parecen más que suficientes para animar a uno de los mitos de la historia de la automoción.

En cuanto al Smart Passion, es todo lo contrario, es decir, un canto a la tecnología actual. Su equipamiento de seguridad es uno de los más completos de cuantos se ofrecen en la actualidad: ABS, doble airbag, control electrónico de estabilidad, elevalunas eléctricos, cierre con mando, cuentavueltas, radio, techo transparente, etc.
Y, por lo que respecta a la mecánica, nada que objetar, además de utilizar un motor turboalimentado de tres cilindros y 55 CV -lo que sumado a un peso de 720 kilos le proporciona una excelente relación peso/potencia-, está equipado con un cambio secuencial automático de seis velocidades que, ciertamente, es delicioso.

Estéticamente, aunque hay gustos para todos, creo que el Smart es todo un acierto. El exterior es moderno, actual y atrevido y los colores del coche se pueden cambiar al gusto del cliente gracias a la fácil maniobra de desmontaje de los paneles laterales. El interior, además de estar bien insonorizado, es de lo más original, con colores vistosos y diseño modernista.

El Mini es mini en todo, desde el tamaño hasta el interior. Aunque es algo más largo que el Smart, sir Alec Issigonis -creador del Mini- lo diseñó para poder acoger a cuatro personas. Su interior es bastante clásico, con el salpicadero de madera y cuadro de relojes completo y visible. En el centro tiene tres relojes más pequeños destinados a informar de la presión del aceite, la hora y la carga de la batería. Un poco más abajo encontramos la radio y, a continuación, los interruptores que activan los faros antiniebla delanteros y traseros, las luces de peligro y la luneta térmica. Como era de esperar, en la guantera apenas cabe un paquete de chicles.

La ciudad es suya
Al introducirnos en el Mini, la primera sensación es de incomodidad. Por el contrario, no existe ninguna dificultad para entrar en el Smart, gracias a su mayor altura respecto al suelo. Eso posibilita que uno se sienta a gusto al volante desde el primer momento.

El ruido del motor del Mini Cooper es exactamente igual al del que yo disfruté hace ya 25 años. El primer problema con el que topamos es el de su dirección -no goza de asistida-, un problema que se acentúa si tenemos en cuenta que monta unos neumáticos con medidas 175/50-13. El Smart tampoco tiene dirección asistida. Sin embargo, su posición al volante y la diferencia de ruedas (135/70-15) facilitan las maniobras.

Siguiendo con el británico, comentar que los 63 CV de su propulsor tiran mucho, teniendo en cuenta que sólo tiene que mover algo menos de 700 kilos. En ciudad se conduce muy bien -si obviamos el tema referido a las maniobras-. Y es que no hay que olvidar que las del Mini original no eran unas ruedas tan anchas como las de la versión actual. El Cooper es hoy en día un coche de capricho, para los denominados puristas pues es lo más parecido a un kart por su posición al volante, magnífica estabilidad, dureza de suspensiones y reacciones agresivas.

Por su parte, el Smart es más dulce, más suave y más sumiso. Siempre lamentaremos que sólo puedan disfrutarlo dos personas. Eso sí, estupendamente, pues el habitáculo permite que sus dos ocupantes viajen a sus anchas y disfruten del paisaje gracias a sus generosas superficies acristaladas. El modelo probado (Passion) dispone de gestión secuencial, pudiendo engranar hasta seis marchas sin necesidad de pisar el embrague. Los 55 CV son más que suficientes para animar al Smart a alcanzar una velocidad de 140 km/h. En la jungla urbana es el primero en salir de los semáforos y en encontrar un huequecillo donde aparcarlo, toda una ventaja.

De excursión
Aunque nos guste la ciudad, es recomendable abandonarla de tanto en tanto. Eso es lo que hicimos con estos dos modelos. Secuestrarlos y alejarlos de su hábitat natural.

En carretera, el Mini se desenvuelve como pez en el agua en tramos sinuosos, zonas rápidas y comprometidas -no hay que olvidar que no hace tanto tiempo que hizo sus pinitos, con mucho éxito, por cierto, en el mundo de los rallies-. Bajito, ancho, con gomas que todavía lo son más, tarados de suspensiones de corto recorrido y rígidas, sin balanceos y un chasis que sigue vigente, el Mini se agarra al asfalto extraordinariamente. Las tres primeras velocidades están muy bien escalonadas, pero la cuarta acusa un gran salto que hace bajar considerablemente la aguja del cuentarrevoluciones al engranarla.

El Smart no ha sido concebido para trayectos largos. No le hace ascos a las autovías urbanas, pero en carretera no es muy cómodo debido a la sequedad de sus suspensiones. Acusa el viento lateral y se suele ir de adelante cuando entra fuerte en las curvas. En su maletero entra la compra del día y poco más. Eso sí, sus consumos son buenos.

En definitiva, estamos ante dos coches que son los más minis del mercado -dejando a un lado a los denominados microcoches, naturalmente-. El Mini, el verdadero, además de suponer una revolución fue el rey de la ciudad en su tiempo. Se sigue fabricando, aunque ya se ha dado a conocer la versión definitiva de su sucesor que, a decir verdad, no parece tener el mismo encanto. El Smart lleva camino de convertirse igualmente en todo un clásico. Sólo hace falta que los indecisos en hacerse con uno dejen pasar por alto que sólo pueden disfrutarlo dos personas y que podrán realizar pocos trayectos de largo recorrido. Naturalmente, es el rey de la ciudad y muy, muy divertido de conducir.

Mini y Smart, Smart y Mini son ideales para perderse por las calles de las grandes ciudades. El inglés reinó muchos años. El alemán pretende coger el testigo. Si todavía nuestros lectores tienen alguna duda, sólo podemos decirles: ¡pruébenlos!

Salón del Automóvil Ecológico
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Galería
MINI
DESTACA:
-Motor.
-Estabilidad.
-Capacidad del habitáculo.

MEJORABLE:
-Dirección pesada.
-Suspensión seca.
-Salto entre 3ª y 4ª velocidad.

SMART
DESTACA:
-Fácil de conducir y aparcar.
-Motor y cambio secuencial.
-Consumo.

MEJORABLE:
-Estabilidad en curvas.
-Cambio automático lento.
-Precio elevado.

FICHA TECNICA MINI
MECÁNICA
- Motor: 4C, delantero.
- Cilindrada: 1.275cc.
- Potencia máxima: 63 CV a 5.500 rpm.
- Par máximo: 95 Nm a 3.000 rpm.

TRANSMISIÓN
- Tracción: Delantera.
- Caja de cambios: Manual de 4v.

DIRECCIÓN Y FRENOS
- Sistema: Cremallera y piñón.
- Frenos del/tras: Discos/tambor.

SUSPENSIÓN
- Del/tras: Independiente.

DIMENSIONES
- Peso total en carga: 690 kg.
- Largo/ancho/alto: 3.050/1.410/1.350 mm.
- Capacidad del depósito: 54 l.
- Neumáticos: 175/50 R13.

PRESTACIONES Y CONSUMOS
- Velocidad máxima: 145 km/h.
- Urbano: 8 l.
- Durante la prueba: 7,6 l.

PRECIO: 1.799.000 ptas.

FICHA TÉCNICA SMART
MECÁNICA
- Motor: 3C, trasero.
- Cilindrada: 599cc.
- Potencia máxima: 55 CV a 5.250 rpm.
- Par máximo: 80 Nm a 4.500 rpm.

TRANSMISIÓN
- Tracción: Trasera.
- Caja de cambios: Secuencial de 6v.

DIRECCIÓN Y FRENOS
- Sistema: Cremallera.
- Frenos del/ tras: Discos/ tambor.

SUSPENSIÓN
- Del/ tras: Ballestas/ brazo transversal articulado.

DIMENSIONES
- Peso total en carga: 720 kg.
- Largo/ancho/alto: 5.500/1.515/1.529 mm.
- Capacidad depósito: 21 l.
- Neumáticos: 145/65 R15.

PRESTACIONES Y CONSUMOS
- Velocidad máxima: 135 km/h.
- Urbano: 6,9 l.
- Durante la prueba: 6,4 l.

PRECIO: 1.650.660 ptas.

LA HISTORIA
Te contamos cómo fue el nacimiento de estos pequeños coches. Pincha aquí.
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