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13/10/1999

LA OTRA CARA DEL SALÓN


Un salón, de la moto o del automóvil, tanto monta, es algo más que una exposición de vehículos de 2 o 4 ruedas. Es una manifestación de color, luz, preciosas máquinas, espectaculares vehículos, maravillosos equipos y, sobre todo, hermosas chicas.

Noticias - Chema Eldorado

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¿Qué sería de este tipo de espectáculos sino tuvieran la presencia protagonista de la mujer? ¿Qué representa la mujer en estos acontecimientos?. Fíjate que siempre son bellezas impresionantes, féminas que, en algunos casos, han ganado algún premio por su hermosura. Incluso algunas marcas utilizan en ocasiones la imagen de una estrella famosa, conocida y guapa que destaca, entre otras virtudes, por su belleza. Así pues, no hay salón que se precie sin la presencia activa y protagonista de la mujer. "Oye, tío, vamos a ver ese parato que tiene cantidad de jacos?", le comenta Julián a Daniel. El parato en cuestión es la Yamaha R-1 de 152 CV o jacos, según se prefiera. Mientras los dos amigos disfrutan con la más deportiva de las motos de la marca del diapasón, el mismo modelo que pilota y desarrolla el amigo Carlos Checa, en un ejercicio tecnológico por sumarle 38 caballos más a este Exoced, un zumbido, como si de un mosquito (de concurso, claro está) se tratara, les hace volver la cabeza. Sorprendidos por la visión, ambos se parten de risa ante lo que ven: "¡Cómo mola, macho, pero si son dos patinetes!" que conducen una pareja de jóvenes desinhibidos.

Espontaneidad, sorpresa, originalidad, pasmo, singularidad, peculiar y excéntrico
¡La leche! "¿Oye, mira que antena parabólica lleva esa piba en la cabeza!", la chica de Yamaha lleva un pasador de pelo en forma de paellera recogiéndole el cabello. Sin duda, el de Yamaha es uno de los stands más atractivos, con serigrafías de motos en finos lienzos de formas circulares que penden del techo. Porque no sólo de exponer las motos de trata, hay que envolver el producto con el mejor papel para que luzca como nunca y atraer al visitante, para que éste, cuando pase por ese lugar, se pare, entre, vea, pregunte, compare y, si puede ser, compre. La mercancía hay que venderla, para eso se fabrica, y para que el mercado absorba la cada vez mayor producción hay que presentar bien el caramelo -la moto en este caso-, para que la gente como Julián y Daniel, al igual que tu, yo, el otro y el de la moto, se lo coman -se compren, nos compremos la moto-. Un salón de la moto es eso, es Honda, Kawasaki, Derbi; es Suzuki, Laverda, Guzzi, Aprilia, BMW y todo aquello que huela a dos ruedas, pero sin obviar ni olvidar por un momento toda esa parafernalia de espectáculo, de negocio, de show business, de bellezas impresionantes, sensuales, provocadoras; de motos hermosas y de Daniel y Julián. "¿Macho, cambiaría mi moto por esa otra, ahora mismo!", asevera Julián, "¡Joe, y yo, y hasta me iría caminando a casa!".

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