11/10/2007
MAZDA CX-7: DEPORTIVO DE ALTURA
El Mazda CX-7 se presenta como la opción más deportiva entre los todocamino, sin grandes cualidades offroad pero con un comportamiento en carretera cercano al de un deportivo.
PRUEBA/ Iván Solera
¿De verdad hablamos de un todocamino?
Es increíble como se mueve el Mazda CX-7 sobre asfalto, acelera como un tiro, se sujeta en las curvas, mantiene cruceros prohibitivos... lo tiene todo. Con la postura de conducción que ofrece y su forma de moverse llegas a olvidar que vas con un aparato de esas dimensiones. En autopista es rápido y suave, con escaso ruido aerodinámico y un sonido mecánico muy aislado. Apoya firmemente en curvas rápidas manteniendo la precisión de la dirección e inclinando muy poco.
Si nos metemos es carreteras retorcidas las inercias del CX-7 salen a la palestra, pero las notaremos mucho más en nuestras carnes que en el comportamiento del coche. Me explico, el peso del conjunto y la posición elevada hacen que el cuerpo y el equipaje del maletero tiendan a desplazarse hacia los lados en los apoyos. Los asientos sujetan bien pero son un poco anchos y la tapicería de cuero produce pequeños deslizamientos. Lo del equipaje es otro cantar, o lo metes a presión o lo sujetas con una buena red, si no irá de un lado al otro del maletero dando golpes. Ya te dije que el CX-7 te permite ir rápido.
Las suspensiones permiten balanceos mínimos, la dirección no flaquea en ningún momento, así como los frenos que, si no te pasas, detienen el coche sin problemas en un uso intensivo.
En ciudad sí podemos encontrar alguna carencia significativa al CX-7, por un lado la visibilidad trasera no es de las mejores y resulta complicado calcular dónde acaba el coche. Unos sensores de aparcamiento trasero solucionan el problema de un plumazo y si los trajese de serie ya rizaría el rizo. Por otro lado el vigoroso propulsor alojado en el vano motor resulta que no se lleva bien con las aceleraciones suaves desde bajas vueltas, como al salir desde parado o en los cambios de marcha en las primeras relaciones. En estas circunstancias es fácil que tironee y necesita de cierta adaptación al tacto del acelerador. ¡Ah, se me olvidaba! El embrague es muy justito para el peso y potencia del coche, más vale tantearlo con garbo al salir desde parado en fuertes rampas (como un garaje por ejemplo) o subir bordillos si no quieres pegarle un calentón y dejar un desagradable olor en el ambiente.
¿Y en campo? Pues mírale fijamente y me lo cuentas tú. Bueno, vale, te lo cuento yo que para eso me pagan. El Mazda CX-7 es el típico todocamino asfáltico, su excelente comportamiento en carretera no le deja muchas opciones cuando pisa la tierra. La altura libre es reducida, el control de tracción sólo se puede desconectar por debajo de 30 Km/h (olvídate de coger carrerilla para pasar por una zona embarrada), los neumáticos son de carretera 100%, la potencia a bajas vueltas es escasa y el embrague flaquea con facilidad. Está claro que llega más lejos que un turismo normal y corriente pero no es un modelo pensado para adentrarse en grandes dificultades.
En pistas de tierra sí que te lo puedes pasar bien y llenar su atractiva carrocería de polvo. Además no te mancharás los bajos de los pantalones al salir o entrar del coche porque la línea de estanqueidad de las puertas está muy baja para evitar esto.
Y ahora lo mejor, el precio. 'Sólo' 37.000 euros, la verdad es que la relación precio/potencia/equipamiento es imbatible y es mucho más económico que su competencia directa.