15/02/2007

OPEL MERIVA OPC: ¿TE ENCAJA?

Hoy el concepto del Meriva no es nada nuevo, en el mercado no es el único monovolumen pequeño. Pero con las dosis de deportividad que emana la versión OPC ya es otro cantar. Alta modularidad, espacio interior y prestaciones de deportivo, extraño pero cierto.

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PRUEBA/ Iván Solera

  • Introducción y diseño.
  • Habitáculo y equipamiento.
  • Motor y prestaciones.

    COMPORTAMIENTO

    Pequeño diablillo
    ¿Tiene una habitabilidad muy buena para su escaso tamaño exterior? Pues sí. ¿Y su interior es muy práctico y modulable? Pues también. Pero la verdad es que este Meriva es otro rollo, le va la marcha. Sólo con girar la llave del contacto, arrancar el motor y darle un par de aceleroncitos podrás darte cuenta de lo que te digo. Por su cola de escape trapezoidal sale una musiquilla algo ronca que empieza a elevar rápidamente tu ritmo cardíaco.

    Pero no creas que es un coche de carreras, al fin y al cabo no deja de pertenecer a la familia de los monovolumen. Su propulsor nos deja circular con suavidad a bajas vueltas, no te obliga a ir de carreras, ni molesta con continuos tirones. Circular por la urbe no es tan suave y cómodo como con un Meriva 'a secas', las suspensiones son duras y los agujeros, cortes de asfalto, guardias tumbados y demás regalos del ayuntamiento se dejan notar allá donde la espalda pierde su noble nombre. A cambio de esto chulearemos en los semáforos al más pintado, primero porque se quedan mirando sin saber muy bien si el Meriva está tuneado o es así, después cuando ven irremediablemente que te vas alejando de ellos.

    En carretera la dureza de suspensiones se aprecia menos¿ hasta que llegamos a un badén de los buenos. Pero la verdad es que no se mueve en exceso, la carrocería balancea poco pero presenta pequeños cabeceos. La dirección no está mal, pero un poco más de dureza y algo más de información no vendrían mal.

    Entre curvas el OPC tiene su gracia, cuando abandonamos las grandes carreteras y nos enfrentamos a un buen tramo retorcido y con buen asfalto, el Meriva saca las garras. El propulsor nos catapulta de curva a curva, siempre y cuando el apoyo anterior no haya sido de los de órdago, porque en estos casos pierde tracción. El ESP es de los autoritarios, de los que cuando actúan lo hacen de verdad, cortando la inyección en cuanto la cosa se desmadra un poco. La verdad es que es una pena, debería ser menos intrusivo para poder disfrutar mejor del caballaje de este Opel. Las suspensiones más firmes y la carrocería rebajada le hacen mucho más ágil, con una entrada en curva más ágil. La trasera es un poco juguetona, sobre todo cuando llegas a la curva frenando con ganas, nada grave y bastante divertido.
    Si el asfalto se vuelve más rugoso el coche resulta algo incómodo y ya empezamos a notar como las ruedas pierden contacto con el suelo en cuanto avivamos el ritmo.

    Vale, el concepto es raro, pero no por ello imposible. Con el Meriva puedes tener un cochecito de tamaño contenido para tus movimientos por ciudad, amplio, práctico y encima va como un tiro. Lo que le hace acercarse más a el calificativo de imposible es el precio, casi 24.000 eurazos le hacen tener el enemigo en casa porque por lo mismo tienes un Astra 2.0 con 170 CV, pero bueno, para gustos...

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