22/10/1999
CUANDO SEA MAYOR QUIERO UN PORSCHE
No hay nada mejor que ir retando al peligro, al riesgo, declarar la guerra al aburrimiento, a la desidia y, sobre todo, a la monotonía. Por eso, nada mejor que darse unas vueltecitas por el Jarama con un Porsche.
Noticias - Chema Eldorado
Porsche Saab Centro Oeste, concesionario de la marca alemana en Majadahonda, puso a nuestra disposición un Porsche Carrera Coupé, un pedazo de coche de 300 CV de potencia. Nada, una tontería de buga. No sé si sabéis que el gris plata es el color en coche que más se vende en este país. Será o no por eso, pero el caso es que nuestro 911 es así, gris plata. Ya estamos en los boxes del Jarama, las pulsaciones empiezan a subir, los nervios, de forma inconsciente, empiezan a aflorar, y la tensión del piloto, yo -qué chulada-, va en aumento.
Primer trazado permanente que tuvimos en España -septiembre de 1967-.
El rugir de esta bestia de 300 CV es fantástico. Frente a mí tengo un cuadro de relojes de bella factura en el que prima el cuentavueltas, y a su alrededor velocímetro (analógico y digital), presión de aceite, temperatura del agua y chivato de la velocidad engranada. ¡Ah!, se me olvidaba decir que el cambio es tiptronic, disponiendo de levas en el volante para que no retiremos las manos del volante en ningún momento.
"¿Qué hago, piso a fondo o, por el contrario, voy tranquilo disfrutando de la conducción, de la salida de curvas y de la gozada que representa conducir esta maravilla de parato? Opto por lo primero, le piso sin piedad y paso de todo.
Un coche de carreras para disfrutar al máximo de las curvas
Primera, segunda, terc¿, ¡si ya he llegado a Fangio! Tomo la curva a 90 km/h y a 3.000 vueltas. Todo bien. Piso a fondo, tercera, cuarta¿, ya he pasado de las 4.000 vueltas, de repente, el motor empieza a rugir como en Le Mans, Daytona¿ ¡qué más da! 110, 120 km/h, no freno al tomar Varzi, curva rápida a la derecha. Paso por encima del vértice, piso y piso, todo pasa muy rápido. Llega Le Mans, curva de doble trazado al final. Voy a 4.500 vueltas.. Salgo de Le Mans, el Carrera se va de atrás, levanto el pie derecho un poco y rectifico con el volante. Ya está el Porsche de nuevo en la trazada. Inicio Nieto, busco el vértice de la curva, 4.000 vueltas, 88 km/h y piso otra vez. ¡Ojo, que se va de nuevo!
Piso de nuevo para abordar así la rampa Pegaso. Subo la rampa en segunda a 5.000 vueltas y más de 130 km/h. La seguridad, a pesar de la velocidad, es total. Las manos buscan el cambio de velocidades situado en el volante. El cambio es así más rápido, pero en curvas muy pronunciadas no puedes cambiar porque el pulgar no encuentra acceso a las levas.
Trescientos caballos, 230 kilómetros por hora
Al pasar por Ascari la velocidad supera los 140. Portago se acerca, es muy cerrada, giro, piso a mitad de trazada, aplomado y sobrio el 911 sale sin mayores contratiempos. Ahora viene la bajada de Bugatti, que la paso a toda leche, segunda, tercera. Reduzco y reduzco. Entro a 4.000 vueltas.
Piso, se va de atrás pero voy corrigiendo con el volante girándolo en dirección contraria al del deslizamiento. Salgo hacia Monza que ya está ahí y yo con estos pelos, freno, reduzco marchas y empiezo a dibujar la curva y él a derrapar y yo a contravolantear -perdón por el palabro- y la fiera a deslizar, pero no quiero rectificar. Se me cruza el coche, pero sigo girando el volante hacia la salida de la curva. Finalmente, coletazo a derecha e izquierda, pero sigo apretando el pie derecho y la nobleza -o mi testarudez- del Carrera me da la razón, pero no por ello le voy a dar cuartelillo. Tercera, cuarta, quinta, enfilo la recta de tribunas y llego al final a cerca de 230 km/h. Reduzco y me doy una vueltecita al Jarama en plan tranquilo como si hubiera ganado la prueba y estuviera escuchando la ovación del público.
De nuevo en boxes me bajo de los 300 CV. Me suda la espalda, y algo las manos, pero la satisfacción es indescriptible. Dejo el Porsche muy a mi pesar (no llores que ya eres mayorcito, Chema), y me subo en mi coche, nada que ver con el Porsche. Qué pena. Una lágrima cae por mi mejilla. Cuando sea mayor me compraré uno.
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