08/03/2000
MERCEDES CLASE A: MADRID-GINEBRA (3000 KM)
Fuimos al Salón del Automóvil de Ginebra en un Mercedes Clase A 170 CDI Classic -el más sencillo de los tres acabados que están a la venta-. Contamos toda la verdad de la pequeña estrella.
Noticias - Texto: Chema Eldorado
Fotos: Toni Roice
El Mercedes A 170 CDI que llevamos tiene una potencia de 90 CV, es de color verde jungla y el cuentakilómetros marca, cuando empezamos nuestro periplo, desde Madrid, poco antes de que salga el sol, 8.447 kilómetros.
El camino hasta Zaragoza es peor: piso infame, curvas cerradas, contraperaltadas, badenes, rizados, parches, agujeros, en fin, trampa tras trampa en las que probar el A. Pero el Mercedes se sujeta bien, a pesar de ir ligeritos. No balancea apenas y transmite seguridad, aunque la suspensión es algo blanda.
Interior sin personalidad
El Mercedes A Classic va completo en cuanto a equipamiento se refiere. Sin embargo, choca que un coche de su calidad no lleve cierre con mando a distancia, elevalunas en las cuatro puertas y no sólo en las delanteras, la inclinación de los respaldos no se realice con una sencilla y práctica palanca, y no exista apoya brazos entre los asientos delanteros, detalles que deberían incluirse.
El interior es sobrio, tal vez en exceso, porque le noto falto de personalidad. Los asientos son un pelín duros y los respaldos delanteros algo estrechos en su parte de arriba. El cuadro de relojes es claro y de fácil lectura, y los mandos, accesibles. Sin embargo, debiera cambiarse a la derecha del volante el mando de los limpias, pues está al otro lado compartiendo funciones con los intermitentes y luces largas, lo que provoca que en ocasiones se activen erróneamente los limpias. Por el contrario, el habitáculo está muy bien insonorizado, algo que se agradece, sobre todo cuando se hacen tantos kilómetros.
Ya en la provincia de Lérida, circulando por la autopista, en el km 191, un fallo logístico-mental nos deja tirados en la cuneta sin combustible; nos queda la duda de si la reserva dura poco. Luego comprobaremos que es así, apenas 20 km con el chivato encendido y adiós, sin gasofa, bueno, gasoil.
El problema es que en Francia o Suiza no existe el Real Automóvil Club de Cataluña, entidad que actúa como si de un 'ángel de la guarda' se tratara, socorriéndonos en menos de media hora, prosiguiendo el camino tras prestarnos -a cambio de mil pelillas de nada- cuatro litros de gasóleo. Deberemos ir atentos a la lucecita.
Sin más contratiempos (por cierto, el A, con tan sólo darle a la llave de contacto, evacua el aire acumulado en los inyectores con rapidez. Hace no muchos años esa operación en los diesel era de servicio técnico, pues había que purgar los inyectores. Los tiempos cambian a velocidad de vértigo), ponemos rumbo a Barcelona.
Llegamos a la Ciudad Condal y decidimos que el Camp Nou, sede, casa y espectacular estadio de F.C. Barcelona, que precisamente el día anterior perdió ante el Real Madrid en el Santiago Bernabeu por 3 pepinos a 0, es un magnifico lugar para fotografiar al A. Ningún problema, le hacemos las imágenes y seguimos nuestro camino. Durante el trayecto, por el interior de la ciudad catalana, me doy cuenta de que la gente conduce de forma disciplinada.
La luz roja de los semáforos no sirve tan sólo de recomendación para que se detengan los conductores, como ocurre en Madrid por ejemplo, sino que incluso se detienen hasta que cambia a verde. No existen las dobles y triples filas de coches aparcados y las calles están limpias.
También comprobamos lo bien que callejea el A. Su altura, como si fuéramos en una atalaya, divisándolo todo; sus contenidas medidas; la precisa dirección y el delicioso motor que nos saca de cualquier apuro sin tener que revolucionarlo debido al magnífico par que posé, son virtudes urbanas muy apreciadas en el A.
Ya en la autopista A7, vamos camino de la Junquera, frontera con Francia. A una marcha de bastante velocidad, no tardaremos en cruzarla.
El 'pequeñín' va de maravilla, el propulsor CDI apenas hace ruido, es elástico y responde cuando se le exige.
El habitáculo va lleno de equipaje. Tanto el maletero, no muy grande (350 litros de capacidad ampliables hasta 1.700 eliminando los asientos traseros y el del acompañante, que esa es una de las ventajas del A, la modulación de su interior), como el asiento trasero, acogen las maletas (dos), las cámaras de fotografías, el traje colgado, la mochila y un montón de cosas más, entre las que no faltan los numerosos carretes de película. El habitáculo es espacioso, y además de serlo también lo parece, pues su visión es de amplitud.
Ya en Francia, por la A-9, un rótulo indica que el límite de velocidad es de 130 km/h -10 más que en España- y 110 con lluvia. Las autopistas francesas cuestan una pasta. Desde la frontera con España hasta Mantua, población que está a 60 Km de Ginebra, todavía en suelo francés, nos soplan 6.025 pelas, todo un capital. Pero si caro son los peajes, más lo es el gasóleo ¡42 pesetas más que en España!, ¡una pasada!
En Mantua hacemos noche. Llevamos en el cuerpo 13 horas de coche y 1.370 kilómetros, y lo único que lo delata es el culo (perdón) algo dolorido debido a que los asientos no son todo lo confortables que debieran. Pero convendréis conmigo que no es poca la distancia recorrida en tan poco tiempo. Mientras cenamos, Toni y el menda hacemos una evaluación positiva del A. El motor es la leche; los 90 CV diesel no se acaban nunca, y circulando hasta el límite los últimos 300 km -, tan sólo se ha chupado 8,1 litros cada 100 km. Por otra parte, su comportamiento ha sido noble y seguro, se muestra aplomado en rectas, no haciéndole ascos a los curvones de elevada velocidad existentes en la A-9.
Los puntos débiles hay que situarlos en los asientos -aunque tampoco hay que dramatizar por la prueba tan dura a la que hemos sometido nuestros cuerpos-, algunos mandos (los cito al principio) de incómodo acceso, lista a la que hay que añadir los elevalunas, situados en el puente central entre la palanca de cambios y el freno de mano. Una buena cena y un sueño reparador, nos deja el body listo para afrontar los últimos kilómetros hasta Suiza.
Ginebra, ciudad en la que no se puede tocar el pito
A esas velocidades civilizadas, el A también se comportó educada y disciplinadamente. El pequeño de Mercedes tiene algo que se llama CDI, propulsor diesel con el que puedes ir al fin del mundo. Para él, los poco más de 3.000 Km que hemos hecho en cuatro días son pan comido (y sin aceite, porque no ha gastado ni gota de lubricante). Cuando le pisas, se pone las pilas de inmediato. Si por el contrario prefieres ir tranquilo y relajado con marchas largas, en plan taxista, para reducir el consumo o simplemente porque te gusta el paisaje o la/el titi que llevas al lado, despreocúpate porque cuando necesites que te saque del apuro, el A lo hace y sin necesidad de cambiar de marcha. El CDI es tan elástico, tiene tan buen par (repuesta a bajas revoluciones) que puedes acelerar en cuarta a 1.000 rpm sin que se cale, ni de tirones.
Por lo que respecta al Salón del Automóvil de Ginebra -del que encontrareis amplia referencia escrita y gráfica en esta misma Web-, resaltar la comodidad del mismo, pues todas las marcas están expuestas en un mismo pabellón de dos alturas, con lo que los desplazamientos entre stand no son largos, aunque al final del día estás para los leones. Además, y por si fuera poco cansado caminar sobre moqueta (los que habéis hecho salones sabéis de lo que hablo), el horario de las jornadas de prensa son auténticamente maratonianas: de 7.30 a 19.00 h. ¡10 horas y media con presentaciones cada cuarto de hora. Tremendo!
Lluvia, tramontana y cargols a la llauna
Pero como en esta vida todo se acaba, lo bueno incluido, cerramos el capítulo Salón, tras dos días muy intensos, y nos disponemos a volver. Y lo hacemos de un tirón, por aquello de que somos dos y de que ya está bien el cachondeo. El regreso lo realizamos bajo una intensa lluvia (hasta Perpiñán) y viento, que en el sur de Francia y norte de Girona es Tramontana. Bajo esas condiciones, el A también se comportó. Y como la ida la hicimos a velocidad considerable sin que la pasma nos pillara, pues la vuelta ya se sabe, igual o más caña. Y a esas velocidades (no me la hagáis repetir que aún nos meterán en el talego), y con el pavimento mojado, el Mercedes se mostró igualmente estable, sin deslizar ni hacer extraños.
Resaltar de nuevo el mando del limpia, que además para ponerlo en funcionamiento debes soltar la mano del volante ya que la palanca no desliza en altura, sino que gira sobre su eje. Lo que sí notó fue el viento (típico en este tipo de vehículos de gran altura), debiendo agarrar el volante con fuerza para evitar sustos mayores. Durante todo el trayecto francés no hicimos más que adelantar hileras de camiones, la mayoría españoles y uno, de Murcia, conducido por una mujer. ¡Enhorabuena!
En Figueras, y tras agarrarnos por las paredes para evitar salir volando, conseguimos entrar en un restaurante en el que cenamos los deliciosos cargols a la llauna, conill a la brasa y, como no, crema catalana. Magnífico. Y con tan frugal cena, objetivo Madrid. Los últimos 600 kilómetros (a partir de Barcelona) los hacemos a una velocidad de entre 100 y 120 km/h, y el consumo resultante fue de mechero: 6,1 litros a los 100.
A las 7.00 h entramos en Madrid tras 15 horas de camino (cena incluida), el cuerpo dolorido -os aseguro que las agujetas las pillamos en los dos días de Salón, una verdadera paliza, aunque fructífera-, y la amistad con Toni por los suelos -bueno, no exactamente, pues ahora, después del periplo, seguimos aguantándonos, pero al llegar a Madrid urgía una separación-.
La prueba en curvas, con las consiguientes fotografías, la hicimos en casa por aquello de que conocemos incluso los coches y las horas a las que pasan por la carretera escogida. Hay que decir, y honesto es hacerlo constar, que el Mercedes no es reacio a tomar las curvas por rápido que vayamos (y os aseguro que iba un rato). Sin embargo, resulta que siendo un tracción delantera tiende a irse de culo (perdón otra vez) y no de morro cuando superamos el límite de su estabilidad (que, dicho sea de paso, es mucha, de verdad). Es entonces cuando entra en acción el control de estabilidad. Si embargo, antes de que empiece a perder la zaga, derrapa de las cuatro ruedas por igual, hasta que prima la trasera. Pero, repito, esto ocurre muy, muy al límite en una conducción que el normal de los conductores/as difícilmente realizará. Y si lo hace, que vaya a un circuito. El A no balancea, transmitiendo confianza. Por lo que respecta a los frenos, con ABS nada histérico (tarda en entrar en acción, lo cual es bueno), cumplen su función con efectividad.
En resumen, me ha gustado el A, demostrándome que se puede viajar con él de forma cómoda y segura y en cualquier tipo de pavimento y condición. Lo mejor es su motor CDI (¿con este propulsor para que queremos uno de gasolina a los precios que se está poniendo?), con un rendimiento magnífico en todos los aspectos, consumo incluido. La habitabilidad es real y no tan sólo virtual (los de atrás van amplios y cómodos).
Me ha gustado también la estabilidad, punto éste que quedó en entredicho en su día y que la marca Mercedes ha sabido contrarrestar con rapidez y efectividad. Nada pues que objetar en este apartado. Lo menos destacable, además de los asientos que pecan de dureza, algunos mandos que debieran estar mejor ubicados; la reserva de gasoil que dura muy poco (al menos en nuestra unidad) y algunos detalles del equipamiento. Ya sabes, por poco más de 2 kilos y medio pones una 'estrella' en tu vida.
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-Km totales: 3.101
-Litros de gasoil: 236,97
-Consumo medio: 7,6 l/100 km
-Horas de viaje: 28, paradas incluidas
-Gasto en combustible: 29.040 ptas
-Peajes: 26.140 ptas.
-Doble airbag
-Aire acondicionado
-Climatizador
-Control de estabilidad ESP
-Servofreno de emergencia BAS
-Sistema antibloqueo de frenos (ABS)
-Cierre centralizado
-Elevalunas eléctricos