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02/08/2006

SEGWAY i180: DESPLAZAMIENTOS LIMPIOS Y DIVERTIDOS

La solución a los desplazamientos urbanos para aquellos que 'pasan' de atascos y no les van mucho las motos. Rápido, sencillo y sin emisiones contaminantes, el Segway es una pasada.

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REPORTAJE/ Iván Solera

Parece salido de una película de ciencia ficción, pero el Segway es real pero además es práctico y muy, muy divertido. Con este extraño aparato tus desplazamientos cortos son infinitamente más rápidos que andando... y menos cansados.

La estructura es una simple base plana donde se sitúan los pies, un largo tubo regulable en altura que sirve de soporte para el manillar y dos enormes ruedas cubiertas de guardabarros a los lados de la plataforma. El 'cuadro de mandos' se compone de un interruptor para la llave de contacto, un botón de parada y una pantalla que informa del estado de carga, modo de uso y posibles averías.

La batería es de NiMH o Li-ion, con una autonomía máxima de 19 kilómetros para la primera y 39 para la segunda. El peso del conjunto es de 38 Kg. Y alcanza una velocidad máxima de 20 km/h. No se puede plegar, lo único que podemos hacer para reducir su tamaño es bajar al máximo el manillar. Así podremos transportarlo en el maletero del coche, pero no sin esfuerzo, porque dependiendo del tamaño de éste entrará sin abatir los asientos o no y, además, sus casi 40 kilitos no facilitan mucho la operación.

Los inicios
El primer contacto con el Segway siempre da reparo, según lo ves lo normal es pensar que te vas a caer, ya que por su configuración parece que hay que guardar el equilibrio. Eso provoca unos movimientos delante-detrás muy graciosos a todo el que se sube en él por primera vez. Pero esto no dura mucho, a los pocos segundos el cerebro percibe que no hay que buscar el equilibrio, el Segway se estabiliza solo y lo único que hay que hacer es subir a la plataforma pensando que ésta es fija. Una serie de sensores nivelan la plataforma tanto en firme plano como en subidas o bajadas.

El funcionamiento es muy sencillo, en cinco minutos cualquiera es capaz de hacer casi todas las maniobras. El primer paso es estabilizarse en parado, como ya he dicho antes basta con cinco segundos. Luego hay que aprender a desplazarse, avanzamos echando el peso hacia delante y frenamos echándolo hacia atrás. Para movernos hacia atrás es lo mismo pero a la inversa. Llegamos a los giros, para ello hay que utilizar un mando giratorio situado en el puño izquierdo, parecido al acelerador de una moto pero que gira en los dos sentidos. No implica dificultad, los movimientos son intuitivos, eso sí, al principio hay que tomárselo con calma y moverse a poca velocidad para ir interiorizando el funcionamiento y llegar a hacerlo sin pensar, de manera natural.

El Segway dispone de tres llaves codificadas con las que varía su funcionamiento. La negra es la de aprendizaje, con ella alcanza 9,6 km/h y la velocidad de giro es lenta. Con la amarilla alcanza 12,9 km/h y aumenta la velocidad de giro. Y la roja es la llave de la diversión, con ella logramos los 20 km/h y la velocidad de giro es mucho más rápida.

Máxima movilidad
Hoy en día cuando vas por la calle con el Segway eres como un imán que atrae todas las miradas, despiertas admiración allá por donde pasas. Seguro que con el paso del tiempo esto cambiará y, si todo el mundo lo pudiese probar, apuesto a que las calles de las ciudades se llenarían de estos 'aparatos'. El Segway es como una droga, te engancha desde el primer momento que lo pruebas. Tanto es así, que llegas a buscar tontas excusas para salir a darle una carrerita: '¡Ups! Se me ha olvidado pasar por el cajero. Bajo en un momentito a sacar dinero y ahora vuelvo'.

Cuanto más lo usas, más lo necesitas. Las distancias parece que se reducen, un tramo de 20 minutos andando, con el Segway son cinco y sin cansarte ni pasar terribles calores veraniegos. Con respecto a un coche las ventajas son claras, ni problemas de atasco ni de aparcamiento. Y si lo comparamos con una moto o ciclomotor, con el Segway nos ahorramos la indumentaria motera y la plaza de garaje. Cronómetro en mano tardé exactamente lo mismo en cubrir una distancia de tres kilómetros con el Segway y con la moto. En moto vas más rápido, pero con el Segway ahorras el tiempo de quitar y poner antirrobos, 'vestirte de faena' y vas por el camino más recto. Además, como gira sobre su eje y sus dimensiones son muy contenidas, vas de puerta a puerta literalmente, puedes entrar en los ascensores, subir y bajar escaleras, etc.

Lo de subir y bajar escaleras hay que aclararlo, con práctica puedes subir pequeños escalones, hasta unos diez centímetros de altura sin bajarte, pero para subir escaleras hay que bajarse. Sin apagarlo pulsas brevemente el botón de parada y entra en modo de transporte, el mando de giro se convierte en el mando de hacia delante-hacia atrás y no hay más que subir las escaleras a su lado acelerando, él solo sube las escaleras. Para bajarlas, más de lo mismo a no ser que demos con un tramo corto y con escalones no muy altos. En este caso y si nuestro valor y habilidad nos lo permiten (impresiona un poco), podemos bajar sin que nos descabalgue.

Sano y dócil
No me cansaré de decir que el Segway es apto para todos los públicos, me ha sorprendido su facilidad de manejo y lo bien que se comporta en un uso urbano. Pero ojo, que si nos soltamos la melena y empezamos a pedirle más de lo que debemos¿ se queja. Los movimientos excesivamente bruscos no son bienvenidos por los sensores, que muestran su desagrado de dos maneras distintas. La primera es en forma de retemblor acompañado de un gesto serio de la cara que aparece en la pantalla del manillar que nos avisa que algo mal estamos haciendo.

La segunda es cuando ya 'nos hemos pasado de la raya' y hemos conseguido volverle completamente loco. Se descontrola y acelera hacia donde quiere, claro que esto sólo sucede si hemos hecho algo totalmente fuera de lugar, como inclinaciones salvajes para frenar acompañadas de un terrible bache o cosas de esas que nunca pasarían en un uso normal y ni se te ocurriría intentar si tienes la cabeza en su sitio.

Una circunstancia muy curiosa que se da cuando ya adquieres cierto control con el Segway, es la búsqueda de la velocidad máxima. Al acelerar puedes oír como los motores aceleran y, llega un momento en el que no corres más y los motores trabajan más despacio de lo que habías escuchado. Entonces empiezas a echar el peso hacia delante y el Segway se levanta un poco para mantenerse en pie pero ya no corre más. ¿Y eso? ¿Cómo es posible que a la velocidad máxima los motores no vayan a tope de velocidad? Pues porque se reserva un poco para nivelarse, si fuese a tope y, por lo que fuese, necesitase algo más de velocidad para estabilizarse y no caer hacia delante... imagínate.

Algo malo y mucho bueno
Los puntos negativos son pocos, el primero y más escabroso es el precio, desde 4.995 euros más IVA (pero piensa lo que ahorras en combustible, impuestos, seguro...). Por su configuración es sólo para una persona, la autonomía no permite cubrir grandes distancias y es un poco grande a la hora de transportarlo.

En el aspecto positivo el Segway es un transporte urbano individual muy efectivo, es seguro, cómodo y fácil. Además es muy divertido para el que busca algo más que transportarse, la sensación de avanzar sobre un par de ruedas situadas en paralelo sobre un mismo eje es espectacular. El consumo es mínimo, se recarga como un móvil, en cualquier enchufe y en muy poco rato (1 hora o así la carga completa). No hay que pagar seguro, ni impuesto de circulación, ni ITV, ni zona verde o azul. Es silencioso, las emisiones contaminantes son nulas, el mantenimiento es casi nulo y no necesitas plaza de garaje o buscar sitio en la calle, simplemente te lo subes a casa, o mejor dicho, te sube él a ti.

Hoy es algo curioso y hasta extraño, pero dale tiempo al tiempo y verás como en un futuro no muy lejano las ciudades se llenan de estos 'cacharros'. ¿No lo crees? Pruébalo y luego me lo cuentas.

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