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04/12/2001

ROBOS DE COCHES: ¿DÓNDE ESTARÁ MI CARRO?

Estamos convencidísimos de que aprecias tu coche como Manolo Escobar al carro que todavía busca, pero ¿haces todo lo posible para evitar que te lo roben? Si crees que no, echa un vistazo a este reportaje y te contaremos cómo evitar ser la próxima víctima.

Actualidad - REPORTAJE/ Sebastien J. Zoll

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Repara un momento en este caso, por otra parte tan posible como poco deseable; acabas de adquirir ese coche que tanto te gusta, no sin antes gastar las pilas de la calculadora analizando préstamos, pelearte en el concesionario por un casete con más watios y dejarte los ojos navegando, durante horas interminables, a la caza y captura del seguro más barato. El caso es que, cuando por fin puedes decir que es tuyo y quieres ponerle los dientes largos al vecino que te pasa las goteras, te encuentras con que, sencillamente, te lo han ‘cambiado de lugar’. Vamos, ¡que te lo han robado! Dirás que no seamos cenizos, que ‘es realmente difícil que esto me ocurriera precisamente a mí’ y cosas por estilo, pero no sería tan extraño. Fíjate: en España se sustraen de media diaria la friolera de ¡380 vehículos!, de los cuales aproximadamente un 30% -es decir, unos 114- no se encuentran jamás.

La cifra, desde luego, es para echarse a temblar, y hay que pensar que todavía es mayor en los meses de julio y agosto, sobre todo los fines de semana a partir de las 12 de la noche. Y no te pienses que con no cogerlo evitas el riesgo, ya que un 75% se roban cuando están tranquilamente aparcaditos en la misma calle donde vive el dueño y un 10% desaparecen de sus propios garajes.

Obra de ‘chorizos’
Que lo vuelvas a ver o no depende de que sea un ‘buga normalito’, o que por el contrario hayas tenido la suerte –ahora desgracia- de poder comprarte un cochazo. Si no es de lujo tienes muchas posibilidades de que en pocos días aparezca en algún descampado, después de que lo hayan empleado para hacer algún viaje o cometer algún robo o atraco. Entre los modelos con varios años, los preferidos son los Opel Kadett, por la simpleza de sus cerraduras; Ford Escort y Fiesta, este último con un bloqueo de la dirección muy débil; Opel Astra y Vectra, fáciles de abrir y con sistemas de seguridad muy simples; y Fiat Uno y Tipo, a los que su sencilla cerradura de contacto (clausor)les traiciona. Tampoco resulta raro que desaparezcan los Citroën Xantia, que en sus versiones Diesel tienen mucha autonomía, ni los VW Golf, sobre todo los GTI y TDI.

Si crees que los modelos actuales son mucho más difíciles de abrir, estás equivocado; un experto necesita unos diez segundos para entrar en un Mitsubishi Galant, ocho si es un Renault Mégane, cinco para un León o Toledo, y ¡sólo cuatro! para colarse en un Hyundai Accent. Y también puede acceder en menos de un minuto al interior de coches como los VW Golf (18 segundos), Peugeot 406 (20), Toyota Rav4 (25), Ford Fiesta (38), o Chrysler Voyager (53). (Prueba realizada por Juan Carlos Delgado, ex delincuente juvenil perfectamente reinsertado que en la actualidad es educador en la Ciudad de los Muchachos y colabora con la Guardia Civil).

Bandas organizadas
En caso de que tu coche fuera de los de mucha ‘pasta’ sólo cabe esperar que lo tuvieras asegurado contra el robo, ya que seguramente no te lo encontraría ni el Lobatón en sus buenos tiempos. Estos ‘levantamientos’ los suelen cometer bandas organizadas de extranjeros –principalmente búlgaros y rumanos- que de simples ‘chorizos’ tienen muy poco; entre sus miembros hay ingenieros, informáticos, mecánicos y especialistas en falsificar documentos oficiales, que además cuentan con medios técnicos muy avanzados. En ocasiones compran de forma legal un modelo para estudiarlo y robarlo en serie, en otras no dudan en colocar debajo del coche deseado un GPS para tenerlo siempre localizado vía satélite, y a veces hasta se lo llevan por las bravas con la ayuda de una grúa.

Una vez sustraído, le ponen la matrícula de otro vehículo exactamente igual y del mismo color, le preparan una documentación falsa y le cambian las cerraduras, los kilómetros y –lo más difícil- el número del chasis. En ocasiones optan disfrazarlo más añadiéndole algún extra, como faros antiniebla, enganches, alerones..., y tampoco es inusual que cambien el casete por desconocer el código del mismo. Cuando la apariencia de legalidad ya está lista, estos vehículos son conducidos por los propios ladrones hasta el Estrecho de Gibraltar, donde se introducen en contenedores y se cargan en ferries que después se dirigen a países del Magreb o puertos del Adriático.

El comprador de estos coches en la ciudad de destino nada sospecha de su procedencia ilegal, y menos si finalmente recalan en cualquier centro de compra-venta. Sólo en algunas ocasiones se descubre el fraude, pero es normal que la empresa aseguradora –lee bien la letra pequeña de tu póliza- o incluso el verdadero propietario renuncien a traerlo de vuelta a España debido a los elevados gastos de transporte.

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