Motor, prestaciones y consumo.
COMPORTAMIENTO
Sin grandes sorpresas
El Grandis no esconde su concepto de familiar, y se comporta como tal. No busques espectaculares aceleraciones, frenadas ni un paso por curva de los que quitan el hipo. Lógicamente apuesta por la comodidad y sus prestaciones son más que suficientes para disfrutar de los viajes en mucha compañía y con equipaje.
En ciudad el único aspecto negativo que encontramos es la comentada falta de potencia en baja. Esto nos obliga a jugar con el cambio más de lo deseado y, a veces, a tirar un poco de embrague para entrar en la zona buena del motor. La visibilidad es buena en todas direcciones, aunque con sus 4,76 metros de largo maniobrar mirando hacia atrás desde el interior es complicado. Para eso están los generosos retrovisores y la ayuda de los sensores de aparcamiento.
Al salir a carretera podremos valorar verdaderamente las cualidades del Grandis. Aquí aprovechamos los medios del motor, zona donde se muestra muy suave y lineal en la entrega de potencia. Sólo echaremos en falta algo más de potencia en fuertes subidas cuando circulemos a plena carga. La estabilidad lineal es correcta, mientras que en largas curvas de autopista o autovía la sensación de aplomo es notable. La carrocería balancea un poco, no mucho, pero la dirección no parece flotar como ocurre con otros monovolúmenes. A esa sensación de asentamiento en carretera ayuda su postura elevada pero más baja que en algunos modelos de la competencia, cuanto más alto, más se aprecian los balanceos.
Cuando la carretera se cierra y se multiplican las curvas los balanceos aumentan, aunque sin llegar a ser excesivos. Los frenos tienen un duro trabajo y dan la sensación de ir un poco justos, hay que pisar con ganas y tras un rato de duros esfuerzos llegan a desfallecer. Claro que para que esto pase hay que mantener un ritmo para el que un monovolumen grande como éste no está concebido.