Motor, prestaciones y consumo.
COMPORTAMIENTO
Cuidado que es adictivo
Cuanto más usas el 1007 en ciudad, más te cuesta tener que usar otro coche más grande. Es amplio, alto, cómodo y ágil. Con sus puertas de corredera puedes aparcar en esos huecos en batería que nadie entra y si es en línea con su escasa longitud también lo tienes fácil. Si vas de compras no hay problema, siempre y cuando las plazas traseras vayan libres. Deslizas los asientos traseros hacia la parte delantera y el maletero crece por momentos.
Si tienes que transportar algún objeto voluminoso puedes abatir el respaldo del asiento del acompañante y el pequeño 1007 tiene más espacio libre que coches mucho mayores. ¡Ah! Y si vas con las manos llenas de bolsas o paquetes no te preocupes, abres la puerta con el mando a distancia y listo.
Los 'peros' más importantes son: la dureza del pedal de embrague (que en atascos llega a ser molesto), los retrovisores exteriores que son pequeños y están muy retrasados, la incomodidad que supone retorcerse para conseguir acceder al cinturón de seguridad dada su retrasada posición y la dirección asistida que, aunque es cómoda por escasa dureza a baja velocidad, presenta ciertas durezas en determinados momentos.
En carretera abierta el 1007 hace lo que puede. Le cuesta mantener un buen ritmo y los consumos se elevan notablemente si nos obcecamos en ello. Es lento en adelantamientos y los repechos hacen mella en la velocidad de crucero.
En carreteras de montaña el comportamiento del 1007 es mucho mejor de lo esperado. Con un esquema de suspensiones bastante sencillo este pequeño Peugeot se muestra preciso y fácil de conducir. El motor tampoco va a poner en grandes apuros al bastidor, además va calzado con unos generosos neumáticos en medidas 195/50 R 16. Dadas sus dimensiones exteriores y teniendo en cuenta la altura de la carrocería se esperan más balanceos, la verdad es que apoya muy noblemente y apenas hay que corregir las trazadas.
La dirección filtra lo suficiente sin restar información en exceso y los frenos aguantan una utilización intensiva. Pero si avivamos el ritmo descubriremos con decepción que las puertas crujen en cada apoyo y que los asientos, aunque sujetan lateralmente, dejan escurrir el cuerpo hacia delante.
Buscando el límite en curva podemos apreciar cierta tendencia a descolocar la trasera en fuertes frenadas, aunque nada grave. Antes de iniciar el apoyo una duda nos ataca y es si lo hará de manera firme o tumbará hasta rozar con el retrovisor en el asfalto. Giramos el volante y... apoya sin problemas y con un pequeño balanceo de la carrocería. En caso de sobrepasar el límite de adherencia tiende a irse de la parte delantera, se corrige rápidamente y, si no es así, el control de estabilidad pone las cosas otra vez en su sitio. En curvas algo más rápidas en las que entremos acelerando se deja notar una deriva mayor que en modelos más bajos y ligeros como, por ejemplo, el Fiesta que comparte motorización.
El 1007 es toda una revolución en el segmento de los urbanos, por practicidad, comodidad y equipamiento. Claro, todo esto tiene un precio, que en el acabado Dolce (el más completo) es de 17.000 euros según tarifa. Pero a cambio tienes un coche muy práctico en ciudad, cómodo para entrar y salir y que puedes personalizar tú mismo por pocos euros cambiando hasta 18 detalles interiores sin necesidad de herramientas.