Motor, prestaciones y consumo.
COMPORTAMIENTO
Adaptación camaleónica
Con este motor, el Mazda5 se adapta a muy distintos tipos de conducción, esto le hace un coche válido para muy distintos conductores. También hace que sea uno de esos coches que disfrutemos en cada momento, porque seamos sinceros, por mucho 'espíritu racing' que creamos tener, un coche de uso diario (y más un monovolumen) se conduce de manera tranquila la mayor parte del tiempo, aunque sea obligadamente en los atascos. Y en esas circunstancias todos agradecemos que sea fácil de conducir, nos ahorre cambios de marcha, no dé tirones y se comporte suavemente.
En ciudad es pura seda, podemos abusar de las marchas largas sin que su propulsor se queje. La visibilidad es buena, hacia atrás es sorprendentemente buena, gracias a la amplia superficie acristalada trasera y los amplios retrovisores exteriores. Las suspensiones tienen un compromiso comodidad-efectividad muy adecuado, el habitáculo queda bien aislado ante cortes de asfalto y esos tediosos agujeros o alcantarillas que podemos encontrar en las calles. La dirección es blanda y la sensación general es la de conducir un turismo un poco más alto, por agilidad y por postura de conducción.
En autopista-autovía se mueve como pez en el agua. Al habitáculo llegan muy pocos ruidos, mecánicos y aerodinámicos, mientras que las suspensiones mantienen unas cotas de confort muy elevadas. La estabilidad lineal es brillante y el aplomo en grandes curvones también. La dirección se endurece y es bastante precisa, pero en apoyos fuertes pierde algo de precisión en la lectura del terreno. Tiene motor más que suficiente para mantener ritmos vivos con y sin carga y mantiene la quinta en los repechos sin grandes dificultades.
En carreteras de montaña, pese a las dificultades iniciales que presenta, como su tamaño, peso, batalla y suspensiones medio-cómodas, es capaz de hacernos poner una sonrisa tonta y cara de idiota de lo bien que lo podemos pasar. Con 'la furgo' podemos dar más de un susto a berlinas y compactos que, en principio, deberían ser muy superiores.
Las claves son: un motor muy voluntarioso con una pegada potente en la zona alta del cuentavueltas, unos balanceos de carrocería mucho más contenidos de lo que esperábamos, mínimas pérdidas de tracción, una dirección bastante precisa y un comportamiento al límite muy noble.
Su efectividad asombra, igual que el escaso balanceo de carrocería. El primer recorrido de la suspensión es más blando para darnos comodidad, pero cuando forzamos los apoyos se sujetan los balanceos. La dirección, como es lógico, pierde precisión en estos momentos, pero sigue siendo lo suficientemente precisa. Los frenos son muy dosificables y potentes, no dando excesivas muestras de fatiga. También hay que destacar lo bien que pisa el eje trasero, sin tendencia a adelantar al delantero en fuertes frenadas, como ocurre en este tipo de vehículos, y permitiendo frenar en curva con mucha seguridad.
En principio puede parecer un monovolumen más, pero el Mazda5 ha sabido conjugar la polivalencia y el espacio de éstos, con la agilidad e incluso deportividad de una berlina. ¿Por qué no un monovolumen de gasolina? Si disfrutas con la conducción, valoras la limpieza y suavidad de un gasolina y no haces muchos kilómetros al año, es una gran opción. Piensa que la versión Diesel empezarás a amortizarla pasados los 50.000 Kms.