Comportamiento off-road.
COMPORTAMIENTO EN ASFALTO
La última de las sorpresas
Si pensábamos que las suspensiones del Pathfinder iban a ser rígidas y secas como buen TT o, por el contrario, excesivamente blandas buscando el mayor confort... nos hemos vuelto a equivocar. El compromiso entre efectividad y comodidad es muy bueno. Es lo suficientemente firme como para balancear mínimamente (a pesar de su peso y altura) y, sin embargo, no rebota y es bastante cómodo, absorbiendo los baches y cortes de asfalto como si nada.
En ciudad se desenvuelve mucho mejor de lo que a priori podríamos imaginar. Sus potentes bajos y un motor que sube de vueltas con soltura nos ayudan en las constantes aceleraciones. Y su longitud y anchura no suelen ser problema si circulamos entre coches en movimiento, directamente se apartan al vernos cerca de ellos.
Otro cantar es en calles estrechas, aquí habrá que prestar especial atención a los prominentes retrovisores y a los giros cerrados. Su longitud también complica el aparcamiento, necesitamos huecos de talla XXL para poder aparcar este trasatlántico. Para ello la opción de la cámara trasera es muy recomendable, nos evitaremos pequeños golpecitos y algún que otro susto si pasa por detrás un peatón despistado mientras hacemos maniobra. A pesar del generoso diámetro del volante la dirección es algo más dura en maniobras que la de cualquier turismo, pero esto nos ayudará cuando nos metamos en campo.
En autopista los problemas los podemos encontrar a partir de 150 Km/h, el sonido de rodadura y el viento entran en el habitáculo dejándose oír más de lo deseado. Además para pasar de esa velocidad tenemos que empezar a pisar el acelerador con más contundencia y el consumo sube considerablemente.
Por lo demás el comportamiento es bueno, no se descoloca en grandes curvones rápidos, ni en badenes, ni frenadas en curva a no ser que forcemos en exceso. La sensación de seguridad que nos transmite es muy elevada.
En carretera de montaña el ritmo debe ser contenido, el peso del conjunto se abalanza en las curvas si las abordamos deprisa. Los balanceos se acentúan, los neumáticos flanean, la dirección se vuelve más imprecisa y los potentes frenos empiezan a acusar el duro trabajo continuado.