COMPORTAMIENTO Es el 'leiv motiv', la esencia y la principal virtud de este MR, por encima incluso de las cualidades de su motor. Desde el primer al último tornillo que encuentres en este coche, todo está supeditado a que el resultado en carretera sea una neutralidad y un equilibrio de perfección insultante.
Este especial Evo tiene la capacidad de adaptar el trabajo de los diferenciales según tres posibilidades de utilización que podemos elegir moviendo sólo un mando: asfalto seco, asfalto húmedo o tierra. Al girar la rueda en uno u otro sentido, modificamos los parámetros de trabajo de los diferenciales y se enciende un testigo en el cuadro de relojes que nos recuerda la modalidad elegida. En cualquier caso, y aunque sólo hemos extraído su potencial sobre asfalto, el comportamiento garantiza una capacidad de tracción a toda prueba. Claro que, también es difícil esperar que deslice un vehículo tan generosamente calzado y con un esquema de tracción a las cuatro ruedas.
El tarado de suspensión elegido no es otro que el de una rigidez extrema. Cómodo para acometer los badenes de una urbanización no es -se te pueden caer todos los empastes-, pero en carretera gira sin apenas inclinar la carrocería y con la sensación de que la velocidad de paso por curva podría ser siempre superior a la que llevas. En este sentido también colabora la elección de los neumáticos, que gracias a la poca distancia de su perfil contiene esa deriva del coche tan molesta que provoca la goma.
Otro valor importante de su dinamismo, aunque no el último, es una dirección de tacto preciso y muy directa; no tendrás que dar muchas vueltas al volante para trazar esos giros de 180º que encontrarás en algunos tramos, y la dureza de la asistencia evitará que tengas que corregir más de una vez la trayectoria en curvas abiertas y rápidas.
Pero para completar el círculo de su comportamiento todavía falta algo en lo que Mitsubishi no ha fallado: los frenos. El MR monta discos perforados en los dos ejes a los que muerden unas pinzas Brembo bien visibles a través de las llantas de cinco brazos. La potencia de frenada está a la altura de las prestaciones, aunque su eficacia es tal que debemos resistirnos a emplearlos a fondo una y otra vez si no queremos encontrarles pronto los primeros signos de fatiga.