DISEÑO Y HABITÁCULO El paso del Evo VII al Evo VIII conllevó un cambio drástico en el diseño del coche que también se refleja en el exterior. Te posicionas a su lado y lo ves ancho, musculoso, con nervios y formas que delatan la brutalidad de un coche concebido y desarrollado por y para la competición.
Lo que más rápido enamora -o asusta, según nos apasione o no la imagen radical- es un frontal donde las tomas de aire destilan radicalidad. Hay tres en el paragolpes, la central de tamaño grandioso para ocultar a duras penas un radiador que también es enorme. Entre los faros, y a ambos lados del tridente cromado de Mitsubishi, todavía hay espacio para otras dos, y sobre el capó aparece una tercera cuya misión es la ventilación mecánica, en especial del turbocompresor. Los 'ojos' que dan vida a esta 'cara' cumplen la función 'todo en uno': ya sabes, un bloque en el que se ocultan hasta los faros antiniebla para ahorrar espacio.
El resto de la imagen resulta hasta discreto. Es cierto que los pasos de rueda están ensanchados, pero el volumen ganado para albergar las ruedas -235/45 R17- se disimula con el resto de la carrocería hasta parecer propio de un coche menos potente. Y lo misma discreción te podemos contar de la zaga, donde sólo un alerón salvaje pone el punto agresivo a una estética bastante tradicional.
Lo que está claro es que, si te decantas por el MR, no lo harás nunca movido por su acabado interior. Los plásticos empleados en el salpicadero y el interior de las puertas son tan rígidos como los puedas encontrar en cualquier utilitario de 60 caballos, y el diseño del salpicadero tampoco se puede decir que cree escuela.
¿Significa esto que Mitsubishi ha hecho mal sus deberes? En absoluto. En la firma del tridente tienen claro el destino de competición que se le da al MR, y por ello han afinado sólo donde tenían que afinar: en la posición de conducción, donde el Evo es uno de los modelos más logrados del mercado. El asiento no sólo es grande por dimensiones de banqueta, sino que cuenta con un respaldo que atrapa la espalda como un guante para que no nos movamos en los giros más radicales.
El volante, por su parte, tiene un diseño en las zonas de agarre que impide el más leve desliz, y los pedales -de aluminio, cómo no- tienen unos puntos de goma para evitar el menor resbalamiento. En este contexto tan sugerente, que la banqueta trasera resulte tan sencilla o que los laterales del maletero carezcan de tapizado se queda en una simple anécdota.