Motor, cambio y consumo.
COMPORTAMIENTO Y PRESTACIONES
Chasis, chasis y más chasis
Como era de esperar, un chasis que se comporta correctamente ante los 150 CV que arroja la versión ST, va sobrado con los 90 de este Diesel. No monta control de tracción, pero con sus neumáticos de 195/45 R 16 y el buen trabajo de sus suspensiones, no se echa en falta. Gracias a la suave entrega de potencia del 1.6, en mojado tampoco será difícil mantener las ruedas traccionando sobre el piso.
La versión sport cuenta con amortiguadores más duros y la altura de la carrocería rebajada en 10 mm. Así se minimizan los balanceos de la carrocería en una conducción deportiva. La comodidad no se ve perjudicada, lógicamente es más seco en los baches que las versiones normales, pero mantiene unas cotas de confort suficientes.
En ciudad se desenvuelve con agilidad. A ello contribuyen su buena visibilidad trasera y lateral, los frenos dosificables y la potencia extra con respecto a la versión de 70 CV. Eso sí, debido a la dificultad que supone encajar el pie izquierdo en el sitio destinado para su apoyo, acabaremos conduciendo con él apoyado sobre el pedal de embrague.
En autopista y autovía se acentúan sus puntos flacos. El sonido del motor invade el habitáculo más de lo deseado, los desarrollos tirando a cortos hacen trabajar el motor alto de vueltas y, a poco que avivemos el ritmo, los consumos se elevan. Se muestra bastante asentado en la carretera y afronta las curvas con seguridad, lo que nos hace pedirle algo más de lo que nos puede ofrecer su voluntarioso propulsor.
En carreteras de montaña este pequeñajo nos deleitará con un paso por curva envidiable. Su buen agarre, escaso peso, sujeción lateral de los asientos, nobleza de reacciones y facilidad de conducción, nos permiten encarar las curvas con seguridad y precisión.
Si apuramos mucho, mucho la frenada, los tambores traseros nos deleitarán con algún pequeño bloqueo no deseado... nada que el ABS no pueda solventar. Los apoyos son seguros, con poco balanceo y muy poca deriva gracias al escaso peso. Sólo entrando muy pasado rebasaremos los límites de adherencia, es entonces cuando el morro tiende a abrir su trayectoria. A la hora de abrir gas la potencia se entrega sin brusquedades y tenemos una gran cantidad de goma en contacto con el asfalto, por lo que las pérdidas de tracción son mínimas.
El resultado es un cochecito muy 'ratonero', que en carreteras con curvas cerradas nos ofrece grandes dosis de diversión y mayor efectividad en el paso por curva que modelos con mayor porte o potencia.