Motor, cambio y consumo
COMPORTAMIENTO Y PRESTACIONES
Zuuuuuuuuuummmmmmmm
Sólo con acoplarme en el puesto de conducción del Mazda, coger el volante con la mano izquierda y acariciar el pomo de la palanca del cambio se dibujó una amplia sonrisa en mi cara. Arranco el motor. Parece que no suena mucho, vaya, si es que en baja suena como un pequeño urbano. Le doy unos aceleroncitos... y nada. El rotativo no tiene un sonido bonito. En fin, pongámonos en marcha.
Engranamos primera y el tacto del cambio muy 'racing' nos da buenas sensaciones. Segunda, tercera, cuarta... Circulando despacio resulta un poco brusco al abrir y cortar gas, nada grave, pero hay que cogerle el punto. Las suspensiones son duras, pero se mantienen unas cotas de comodidad más que suficientes. Salimos a carretera y el reloj de temperatura nos chiva que el motor está a la temperatura correcta. Bajamos a tercera, el rotativo empieza a subir de vueltas como un molinillo y a partir de 5.500 rpm el sonido del motor cambia por completo. Además el escape forma parte de la orquesta a partir de esas vueltas y, sin llegar a ser molesto, la música invade el habitáculo, ¡ahora sí que suena bonito! Es entonces, y hasta pasadas las 8.000 rpm cuando el propulsor nos muestra su carácter, mostrándose inmediato y contundente a cualquier insinuación del acelerador.
En carretera abierta podemos 'volar bajo' con el RX-8 sin partirnos los riñones ni tener que ir agarrados con uñas y dientes al volante. El compromiso entre efectividad y comodidad del conjunto suspensión-amortiguación es muy acertado, ofreciendo una precisión de trayectoria sobresaliente a alta velocidad sin encontrarnos en una caja de tortura. Es algo seco en los baches, lógico, aunque acepta sin problemas una utilización de uso diario.
Pero si queremos disfrutar de las cualidades del RX-8 a alta velocidad, lo mejor es pasarse un ratito por el circuito. Aquí, con total seguridad podremos exprimir al máximo sus suspensiones en curvones rápidos, eso sí, cuando nuestro cerebro asuma la extraña sensación de ir sentado tan bajo, tan retrasado y supere la sensación de falta de apoyo en el eje delantero. Además, disfrutaremos de su dirección muy rápida y precisa que nos informa perfectamente de lo que pasa bajo las ruedas sin mostrarse indómita. La estabilidad lineal es sorprendente, en recta mantiene la trayectoria sin correcciones pasada la barrera de los 200 Km/h.
Agárrate que vienen curvas
En tramos revirados el RX-8 es todo un juguete. Con sólo 6,01 kilos por caballo y un motor con una amplia banda de utilización, las aceleraciones son de infarto. Las rectas entre curva y curva parecen ser más cortas con este Mazda. Se muestra muy estable frenando y apenas se descoloca de atrás por mucho que forcemos... la magia de la electrónica. Es muy rápido en la entrada de los virajes, inclinando mínimamente la carrocería y transmitiendo mucha seguridad.
En el momento de abrir gas en el vértice de la curva debemos ser cuidadosos, porque la patada del Wankel nos regalará un trallazo de la trasera a poco que nos pasemos con el gas. En este momento el control de estabilidad vuelve a poner las cosas en su sitio de manera algo brusca, lo que hará que se nos 'menee' el cuello primero para un lado y luego para el otro. Y es que aquí no hay medias tintas, agarra muchísimo, pero cuando nos pasamos del límite de adherencia sus reacciones son bruscas.
Si nuestro nivel de conducción y nuestro bolsillo nos lo permiten, podemos desconectar las ayudas electrónicas. Así, podremos dibujar las curvas con la trasera intentando adelantarnos por el exterior de la curva, controlando el derrapaje con el gas. Disfrutaremos como niños dejando rayas negras en cada giro, pero atención al final de la derrapada porque cuando engancha sale recto 'como un tiro' y si lo hace cuando todavía no hemos encarado la salida de la curva será una salida de pista segura. Apto para su uso lógico en carretera, muy dócil y divertido, pero su alma guerrera le hace exigente si buscamos los límites.