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Subida de rampas: Deben acometerse siempre de frente y suele ser suficiente con poner la segunda en reductora. Si el coche se cala el procedimiento es pisar el freno de pie para sujetarlo, engranar marcha atrás, soltar el embrague y el freno y no tocarlos y arrancar el vehículo manteniendo las ruedas derechas e ir descendiendo lentamente reteniéndole con el motor.
Descenso de pendientes: Al bajar nunca se debe tocar ni el embrague ni los frenos, ya que el mismo motor actúa como freno. Para ello, si es necesario, se engrana la reductora. Puede ocurrir que el coche tienda a cruzarse en el camino al descender por una pendiente muy pronunciada. En ese caso no hay que tocar el freno, si no acelerar ligeramente para recobrar la adherencia y controlar el vehículo.
Vadeo: Permite al coche sumergirse en el agua sin dañar su mecánica. Eso sí, siempre hay una altura máxima para evitar que entre agua en el motor a través del filtro o que ésta afecte al encendido. Por ello conviene comprobar antes la profundidad del agua y el estado del fondo. La entrada en el agua debe ser suave y lenta, pero con un progresivo y constante aumento de la velocidad. Usar una marcha no muy corta para poder adquirir la suficiente velocidad durante el vadeo, pero tampoco muy larga para poder cambiar en el momento de superar la rampa de salida.
Cruzar zanjas: La mejor manera de cruzarlas es siempre en diagonal, procurando que siempre haya tres ruedas en contacto con el terreno. |
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